La reciente cena de Estado ofrecida por el presidente Donald Trump al príncipe heredero de Arabia Saudí en Washington volvió a poner en primer plano a uno de los conglomerados más discretos y poderosos del mundo: el Grupo Olayan.
Entre directivos como Tim Cook o Jane Fraser, la presencia de Lubna Olayan, junto a Elon Musk, evidenció el peso real de esta familia saudí en las grandes ligas financieras internacionales.
Ese encuentro simbolizó la creciente influencia global de un imperio empresarial hermético. Dirigido durante décadas por Lubna y su hermana Hutham Olayan, en un contexto históricamente adverso para las mujeres en Arabia Saudí.
Ambas lograron transformar el legado familiar en un grupo que hoy opera a una escala comparable a la de un fondo soberano.
Según los registros corporativos, el Grupo Olayan controla en Estados Unidos una cartera de acciones cercana a los 13.000 millones de dólares, con participaciones relevantes en BlackRock (casi 1.000 millones) y JPMorgan Chase (1.500 millones).
También invirtió de manera destacada en Credit Suisse antes de su colapso y posee activos inmobiliarios de primer nivel en ciudades como Nueva York y Londres.
A ello se suman grandes operaciones inmobiliarias en Dubái, inversiones en capital privado y renta fija, y una sólida actividad industrial en Arabia Saudí, donde embotella Coca-Cola, gestiona Burger King y presta servicios a la industria petrolera. Este entramado ha situado a la familia entre las mayores fortunas del planeta.
La historia de las Olayan
Bloomberg valora su patrimonio en más de 50.000 millones de dólares, aunque fuentes cercanas sostienen que podría superar ampliamente los 100.000 millones, al nivel de Bill Gates o Carlos Slim. De confirmarse, los Olayan serían incluso más ricos que el príncipe Alwaleed bin Talal.
Su influencia va más allá del capital. Se considera al grupo un actor clave en la relación entre Wall Street y Arabia Saudí, mientras Riad impulsa una economía de casi 1,3 billones de dólares.
Como resume Steffen Hertog, profesor de la London School of Economics, “contar con interlocutores privados con estrechos vínculos con las finanzas estadounidenses es útil”.
Fieles a un perfil bajo, las hermanas Olayan han construido poder sin ostentación. “Normalmente no buscamos protagonismo… evitamos los excesos y somos bastante frugales”, afirmó Hutham en 2013.
Una filosofía que explica por qué, sin grandes titulares, el Grupo Olayan se ha convertido en una referencia imprescindible del capitalismo global.

















