España encara 2026 con una posición relativamente sólida en Europa. Las previsiones apuntan a un crecimiento en torno al 2,2%, por encima de las economías de la eurozona, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre. Sin embargo, bajo esa aparente fortaleza se dibuja un modelo económico con debilidades estructurales que el propio tejido empresarial reconoce.
El último informe Perspectivas 2026: previsiones económicas y empresariales, elaborado por KPMG y la CEOE a partir de más de 1.200 encuestas a directivos y empresarios, revela una realidad dual: mientras las empresas mantienen el optimismo sobre su propia evolución, crecen las dudas sobre el entorno y la sostenibilidad del crecimiento a medio plazo.
CICLOS ECONÓMICOS
Uno de los pilares del actual ciclo económico es la demanda interna. El consumo de los hogares y la inversión empresarial han sostenido la actividad en los últimos años, compensando la debilidad del sector exterior en un contexto de desaceleración global.
Este patrón explica en parte por qué España resiste mejor que otras economías europeas más expuestas a la industria o al comercio internacional. Sin embargo, también pone de relieve una dependencia que puede convertirse en vulnerabilidad si el consumo pierde impulso. A ello se suma el peso de sectores como los servicios y el turismo, que han recuperado niveles incluso superiores a los previos a la pandemia, pero que presentan menor capacidad para impulsar aumentos sostenidos de productividad.
La economista Rosana Sosa explica a Business People que “la economía española se enfrenta desde hace años al reto estructural de una baja productividad, que persiste a pesar de las mejoras observadas en la última década. Esta situación no solo condiciona el potencial de crecimiento económico, sino que también incide directamente en el nivel de renta per cápita y en el bienestar social, ampliando la brecha respecto a los países de la eurozona”.
El conflicto en Irán no ayuda a las perspectivas. “El aumento de los precios de la energía impacta directamente en la competitividad de las empresas, reduce los márgenes de beneficio y eleva los costes de producción, trasladándose finalmente a los consumidores y deteriorando el poder adquisitivo de los hogares”, detalla Sosa.

ROSANA SOSA, economista y Senior International Executive en RiskOff Spain
OPTIMISTAS EN UN ENTORNO INCIERTO
El informe refleja que el 78% de las empresas valora positivamente su situación actual y casi la mitad espera mejorar en los próximos 12 meses. Además, el 73% prevé aumentar sus ventas y más de la mitad incrementará sus inversiones.
Sin embargo, este optimismo contrasta con una percepción más cauta sobre la economía en general. Más de la mitad de los encuestados cree que no habrá cambios significativos, y uno de cada tres anticipa un empeoramiento. Esta divergencia sugiere que las empresas confían más en su capacidad de adaptación que en la evolución del contexto.
Uno de los mensajes más claros del informe es la creciente preocupación por la dependencia de Europa —y, por extensión, de España— respecto a terceros países. Energía, tecnología, materias primas o capacidades industriales son ámbitos en los que esa dependencia es especialmente visible. Los empresarios identifican como principales riesgos derivados de esta situación la pérdida de competitividad, el aumento de los costes y la reducción de márgenes. De hecho, la pérdida de competitividad aparece como el principal riesgo para el negocio en los próximos meses.
Este diagnóstico se produce en un contexto de reconfiguración del orden internacional, con tensiones geopolíticas, fragmentación comercial y mayor proteccionismo. Un entorno que obliga a las empresas a replantear estrategias: más de un tercio ya lo ha hecho y otro porcentaje similar está en proceso de análisis.
EL LASTRE DE LA PRODUCTIVIDAD
A pesar de la intensa creación de empleo y del crecimiento económico, el informe señala un problema recurrente: la baja productividad. Las ganancias en este ámbito han sido limitadas en los últimos años, lo que restringe el potencial de crecimiento y mantiene la brecha con las economías más avanzadas de la eurozona. Este factor se convierte en un elemento clave para entender las dudas sobre la sostenibilidad del modelo. Sin mejoras en productividad, el crecimiento basado en empleo y consumo tiene un recorrido limitado.
Junto a los factores estructurales, el entorno institucional aparece como otra fuente de preocupación. La incertidumbre política, los cambios regulatorios y la inseguridad jurídica figuran entre los principales riesgos señalados por las empresas. De hecho, un 62% de los encuestados reclama un marco jurídico y regulatorio más estable. Esta demanda refleja la percepción de que las reglas del juego pueden condicionar tanto o más que las variables económicas.
La economista recuerda que “el aumento de costes laborales, fiscales y burocráticos, incluyendo modificaciones como reducciones de jornada mal diseñadas, incrementa la inseguridad jurídica y dificulta la organización del trabajo en las empresas. Estas variaciones pueden suponer una carga adicional, especialmente para las pymes, limitando su capacidad de adaptación y planificación en un entorno regulatorio cambiante”.
ANTE UNA ENCRUCIJADA
El diagnóstico que emerge del informe no es tanto el de una economía en crisis, sino el de un modelo en transición. España mantiene un crecimiento superior al de sus socios europeos y un tejido empresarial que, en términos generales, sigue apostando por invertir, contratar y expandirse. Sin embargo, ese dinamismo convive con cuatro ‘talones de Aquiles’: dependencia exterior, baja productividad, presión sobre los márgenes y un entorno internacional más complejo.
“Si España no logra corregir sus desequilibrios estructurales, se enfrentará a un crecimiento económico cada vez más débil. Esta situación provocará una dependencia excesiva de sectores de bajo valor añadido (turismo y servicios poco productivos) y contribuirá a la pérdida de peso industrial y tecnológico”, advierte Sosa. Y añade: “Las empresas españolas exportarán menos, lo que supondrá una pérdida de cuotas en los mercados globales. Esta dinámica también favorecerá la deslocalización de empresas hacia países más eficientes y una disminución de la inversión extranjera”.
La cuestión de fondo es si el país será capaz de transformar el ciclo favorable de los últimos años en un crecimiento más sólido y sostenido. Es decir, sí podrá reforzar su competitividad, reducir sus desequilibrios y adaptarse a un escenario global en el que la competencia por inversión, talento y mercados será cada vez más intensa.
ENTRE EL SHOCK DE ORMUZ Y LA PRODUCTIVIDAD
EL PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD CARLOS III, DR. SIMÓN PEDRO DEFFENDINI, ANALIZA EL FUTURO DE LA ECONOMÍA NACIONAL SI NO SE ATAJAN LAS ASIGNATURAS PENDIENTES

Dr. Simón Pedro Deffendini S.
El informe refleja un aumento de la percepción de riesgo entre las empresas. ¿Cuáles son los principales escenarios que afectan a la economía española?
El informe no es solo una encuesta de sentimiento empresarial; es una señal de alarma institucional. Con una parte considerable de los empresarios españoles ya redefiniendo sus estrategias ante la inestabilidad geopolítica y una mayoría contundente exigiendo un marco regulatorio previsible, España se encuentra en una encrucijada donde la teoría económica choca con la realidad del Estrecho de Ormuz y la rigidez de sus propias estructuras.
También señala la baja productividad como uno de los principales lastres…
Sí, identifica la baja productividad como el lastre definitivo. Este fenómeno no es una anomalía estadística, sino el resultado de variables sistémicas. España padece una hipertrofia de microempresas que no escalan debido al Efecto Escalón: un diseño normativo que desincentiva el crecimiento, ya que el aumento de la plantilla implica saltos bruscos en cargas fiscales, regulatorias y de representación. Sin tamaño empresarial, no hay capacidad para absorber los fondos europeos ni para liderar la carrera de la inteligencia artificial, donde gran parte de las empresas admite necesitar mayor soberanía.
Si España no aborda los problemas de productividad, dependencia exterior y marco regulatorio, ¿qué escenario económico dibuja para los próximos 5-10 años?
El primer escenario es el del Renacimiento Industrial. Este requiere que España acometa reformas estructurales profundas para blindar la seguridad jurídica y eliminar las barreras al crecimiento empresarial. Bajo este prisma, la integración energética europea permitiría a España capitalizar su ventaja en renovables, convirtiéndose para la próxima década en un referente continental de hidrógeno verde y tecnología aplicada.
El segundo escenario, el de Estancamiento Dulce, es en mi opinión el más probable. Dibuja una España que no aborda sus problemas de fondo y mantiene una dependencia crítica de los servicios de bajo valor y los fondos públicos. En este horizonte, la falta de una reforma regulatoria valiente nos condena a una “Irrelevancia Competitiva”: una periferia turística que sobrevive, pero que pierde definitivamente el tren de la soberanía digital y la vanguardia industrial.
Finalmente, existe un tercer escenario de Fragmentación Crítica que surge si el conflicto en Oriente Medio se cronifica durante los próximos meses y coincide con una inestabilidad regulatoria interna persistente. Este entorno de tipos de interés altos e inflación de costes sostenida provocaría una erosión irreversible dentro del Estado de bienestar.

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