Moeve reorganiza su estructura interna para entrar en una nueva etapa de su transformación energética. La antigua Cepsa ha rediseñado su modelo operativo y reducirá su comité de dirección de diez a ocho miembros, con el objetivo de acelerar sus proyectos industriales de moléculas verdes y mejorar la coordinación entre producción, logística, comercialización y compraventa de energía.
La nueva organización será efectiva, con carácter general, a partir del 1 de enero de 2027, aunque la compañía abrirá un periodo de transición durante los próximos meses. El cambio se enmarca en ‘Positive Motion’, la estrategia con la que Moeve está reorientando su actividad hacia el hidrógeno renovable, los biocombustibles de segunda generación y otras soluciones energéticas con menores emisiones.
El grupo busca ganar agilidad en la toma de decisiones y aprovechar mejor sus recursos. Después de una primera fase en la que concedió mayor autonomía a cada negocio, ahora quiere integrar las diferentes actividades para ejecutar proyectos de mayor escala y reducir la distancia entre el desarrollo industrial y las necesidades de los clientes.
Dos nuevas áreas para integrar el negocio
La principal novedad será la creación de dos grandes áreas: Operations y Commercial. La primera concentrará la gestión de los activos industriales y la ejecución de los nuevos proyectos, mientras que la segunda se ocupará de la relación con los clientes, las estrategias comerciales, la innovación y el crecimiento del negocio entre empresas.
Operations tendrá bajo su responsabilidad la operación segura y eficiente de las instalaciones de Moeve. También coordinará la construcción y puesta en marcha de los nuevos desarrollos industriales vinculados a la transición energética.
Al frente estará Robin Mooldijk, que se incorporará a la compañía el próximo 1 de octubre procedente de Shell. El directivo desarrolló buena parte de su trayectoria en la multinacional anglo-neerlandesa, donde llegó a ser presidente de Proyectos y Tecnología y miembro de su comité ejecutivo.
Su llegada coincide con una etapa especialmente intensa para Moeve. La energética ha iniciado recientemente la construcción de Onuba, la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, con una inversión superior a 1.000 millones de euros y una capacidad inicial de electrólisis de 300 megavatios.
Un comité más reducido en Moeve
El nuevo comité de dirección estará encabezado por el consejero delegado, Maarten Wetselaar, que lidera la transformación de la compañía desde 2022. Junto a él se sentarán Robin Mooldijk, como director de Operaciones; José María Solana, como director Comercial; Alice Acuña, responsable de Trading y Optimización, y Pierre-Yves Sachet, vicepresidente ejecutivo de Mobility.
La cúpula se completa con Carmen de Pablo, directora financiera; Bettina Karsch, responsable de Recursos Humanos, y Virginia Beltramini, directora jurídica y secretaria del consejo. Juan Llobell, responsable de Corporate Affairs, reportará directamente a Wetselaar, aunque no formará parte de ese comité de ocho miembros.
Las áreas corporativas de Finanzas, Personas y Organización, Legal y Corporate Affairs mantendrán un funcionamiento transversal para todo el grupo. Desde ellas se coordinarán cuestiones como la asignación de capital, la gestión del talento, la gobernanza y la relación con administraciones y otros grupos de interés.
De diseñar proyectos a ejecutarlos
La reorganización llega cuando Moeve comienza a convertir sus grandes planes energéticos en activos industriales. Además del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, la compañía avanza en una planta de biocombustibles de segunda generación en Huelva para producir combustible sostenible de aviación y diésel renovable.
Wetselaar ha defendido que el nuevo modelo permitirá agrupar comercialización, logística, producción y ‘trading’ para ofrecer soluciones de mayor valor. También ha agradecido la labor desarrollada por Carlos Barrasa, Antonio Joyanes y José Manuel Martínez durante la etapa anterior.
Con esta nueva estructura, Moeve pasa de una organización centrada en desarrollar capacidades independientes a otra orientada a ejecutar y escalar proyectos. El reto será trasladar esa mayor integración a su actividad diaria y acelerar inversiones industriales que necesitan grandes cantidades de capital, coordinación técnica y clientes dispuestos a utilizar las nuevas moléculas verdes.

















