¿Por qué las ventas de las grandes empresas en España crecen más lentamente? La respuesta empieza a perfilarse en los últimos datos de la Agencia Tributaria: la actividad pierde tracción, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, en un contexto de desaceleración sincronizada de la demanda.
Según el informe ‘Ventas, Empleo y Salarios en las Grandes Empresas’, las ventas totales de las grandes compañías en España avanzaron un 1,2% interanual en febrero, una cifra casi un punto inferior a la de enero y que deja el bimestre en un modesto 1,6%. El dato confirma una tendencia: el crecimiento empresarial se enfría tras un cierre de 2025 más dinámico.
La Agencia Tributaria lo resume con claridad: “la desaceleración es consecuencia del retroceso de las exportaciones y la moderación de las ventas interiores”. Ambos motores, interno y externo, pierden velocidad al mismo tiempo, reduciendo el margen de impulso de la economía corporativa.
En el mercado doméstico, las ventas interiores en España crecieron un 1,9% en febrero, frente al 3,1% de enero. El freno es generalizado: consumo, inversión y bienes de equipo moderan su avance, mientras la construcción continúa en negativo, evidenciando un patrón de demanda interna menos vigorosa.
La inversión también muestra señales de enfriamiento. Aunque el equipamiento y software todavía crecen un 1,8%, lo hacen tras meses de fuerte dinamismo, mientras que la construcción retrocede un 2%. El cambio de ciclo es evidente en los componentes más sensibles a la confianza empresarial.
Cuestión de las ventas
En paralelo, las exportaciones de las empresas españolas caen un 1,8% en febrero, el peor comportamiento en dos años. La debilidad es más acusada en mercados extracomunitarios, aunque la UE también pierde impulso, lo que refuerza la idea de un entorno internacional menos favorable.
En contraste, el empleo mantiene el tipo. El empleo asalariado en grandes empresas crece un 2,6%, una tasa estable que confirma la resiliencia del mercado laboral incluso en un contexto de menor actividad.
Los salarios, sin embargo, muestran contención. El crecimiento salarial en España se sitúa en el 2,4%, consolidando una moderación respecto a meses anteriores y sugiriendo un ajuste gradual tras las tensiones inflacionistas previas.
El resultado es un equilibrio frágil: más empleo, salarios contenidos y menos crecimiento de ventas. Un triángulo que explica por qué la facturación empresarial en España avanza, pero lo hace cada vez más despacio.

















