Puig afronta su próxima junta general ordinaria de accionistas, prevista para el 29 de mayo, con una agenda centrada en la aprobación de cuentas y en la renovación de su consejo de administración.
Sin embargo, el foco del encuentro estará en una decisión puntual: la venta de la marca Aromas de Castilla.
El orden del día incluye, en su punto 12, la “autorización de la venta de la marca Aromas de Castilla”, una operación que la compañía enmarca dentro de su estrategia de simplificación del portafolio. No se trata de un activo relevante dentro del negocio actual del grupo.
La firma cosmética justifica la desinversión en el hecho de que la marca pertenece a un segmento de colonias básicas que ha perdido protagonismo dentro de su estrategia.
Puig ha orientado su crecimiento hacia productos de mayor valor añadido en perfumería, cosmética y cuidado personal.
En su informe a los accionistas, la compañía es clara al respecto: “La marca no constituye un activo esencial por razón de su valor económico, ni resulta materialmente relevante en términos de volumen de activos, cifra de negocios o contribución al negocio de Puig”.
Los movimientos de Puig
El precio de la operación refuerza ese carácter residual. El traspaso se fijó en hasta 20.000 euros, una cifra superior al valor contable del activo, y ya existe un comprador identificado, aunque no ha sido revelado.
Pese a su reducido impacto económico, la operación debe pasar por la junta debido a la antigüedad del activo.
La marca se registró en 1971 y cumple el criterio estatutario que la define como “notoria”, lo que la convierte en “activo esencial” sujeto a aprobación accionarial.
El propio informe aclara que el valor de la marca no supera el 25% del valor total de los activos del grupo. Por ello, la votación responde más a un requisito estatutario que a la relevancia económica de la operación.

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