España quiere jugar en la primera división de la inteligencia artificial europea y ya tiene a algunos de sus grandes pesos pesados empresariales moviendo ficha. Banco Santander, ACS y Telefónica participarán en el consorcio privado que desarrollará la futura gigafactoría de inteligencia artificial que el Gobierno español aspira a albergar junto a Portugal.
Aunque el consorcio todavía no se ha constituido oficialmente —el proyecto debe pasar aún por el Consejo de Ministros—, las primeras líneas de la operación ya empiezan a definirse. Según distintas fuentes del proceso, Santander podría participar principalmente a través de financiación de deuda, mientras que Telefónica tendría un rol más tecnológico y operativo dentro de la infraestructura.
La IA y las grandes empresas españolas
Precisamente el consejero delegado de Telefónica, Emilio Gayo, confirmó esta semana que la compañía quiere posicionarse como desarrollador estratégico del proyecto y también como futuro comercializador de servicios para grandes clientes. La teleco prevé contar con una participación minoritaria de entre el 10% y el 15% del capital.
La iniciativa forma parte de la estrategia europea para reducir la dependencia tecnológica de Estados Unidos y China en inteligencia artificial, supercomputación y almacenamiento de datos. Bruselas considera estas gigafactorías infraestructuras estratégicas comparables a las redes energéticas o las telecomunicaciones por su impacto económico y geopolítico.
El Gobierno español aportará 250 millones de euros al proyecto, mientras que la inversión público-privada total podría acercarse a los 4.000 millones. Además de Santander, ACS y Telefónica, en la iniciativa también participan compañías como Multiverse, Submer y la SETT —la conocida como “SEPI Digital”—.
En cuanto a las posibles ubicaciones, España maneja actualmente dos candidaturas principales: Móra la Nova (Tarragona) y San Fernando de Henares (Madrid). Si finalmente prospera la colaboración con Portugal, ambos países coordinarían el desarrollo de la infraestructura.
Más allá de construir un gran centro de datos, el objetivo es convertir la gigafactoría en un auténtico hub tecnológico capaz de atraer talento, startups, investigación y empleo cualificado. En otras palabras: crear el ecosistema sobre el que Europa quiere construir su propia soberanía en inteligencia artificial.