Telefónica quiere dejar claro que no solo conecta a millones de personas, también sostiene una parte importante del sistema fiscal en los países donde opera. En 2025, la compañía destinó 21,3 euros de cada 100 ingresados al pago de impuestos, consolidándose como uno de los grandes contribuyentes a nivel global.
En total, la aportación fiscal del grupo alcanzó los 7.472 millones de euros, una cifra que se divide en dos grandes bloques: 2.360 millones en impuestos propios y 5.112 millones recaudados a terceros, como cotizaciones o tributos gestionados para las administraciones públicas. Es decir, Telefónica no solo paga, también actúa como intermediario clave en el sistema.
España lidera con 3.043 millones
Por mercados, el peso es bastante claro. España lidera con 3.043 millones de euros, seguida de Brasil (2.207 millones) y Alemania (1.224 millones). Tres geografías donde la teleco no solo tiene negocio, sino también un impacto directo en las arcas públicas.
Pero aquí no va solo de números. Telefónica está reforzando su narrativa en torno a una fiscalidad responsable, transparente y alineada con estándares internacionales, siguiendo las directrices de la OCDE. Todo esto forma parte de su estrategia ESG, donde la compañía intenta posicionarse como un actor comprometido con el desarrollo social y económico.
Además, su política fiscal no es algo aislado: está supervisada por el Consejo de Administración, con mecanismos de control interno y procesos auditables, y con una apuesta clara por la transparencia. De hecho, fue una de las empresas que presentó voluntariamente su Informe de Transparencia Fiscal ante las autoridades españolas.
En un contexto donde las grandes corporaciones están cada vez más bajo la lupa, Telefónica juega una carta clara: reivindicar su papel como contribuyente clave y motor de desarrollo, más allá de su negocio principal en telecomunicaciones.

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