Repsol prepara un cambio de calado en su estrategia que devolverá a Venezuela al centro de sus prioridades tras más de una década de inversiones prácticamente congeladas. La petrolera española presentará una actualización de su plan estratégico el próximo 10 de marzo, durante su Capital Markets Day, una cita que este año adquiere un protagonismo excepcional ante el nuevo escenario geopolítico marcado por la Administración de Donald Trump.
El giro responde a los acontecimientos de las últimas semanas en Venezuela y al creciente control de Estados Unidos sobre el sector petrolero venezolano, tras la intervención directa de Washington. Repsol busca ahora adaptarse de forma pragmática al denominado “entorno Trump”, en el que EEUU aspira a liderar la explotación de los hidrocarburos venezolanos con el apoyo de grandes petroleras internacionales, según adelanta el diario Expansión.
Para Repsol, Estados Unidos y Venezuela son piezas clave de su negocio de upstream. Ambos países ocupan la primera y segunda posición en reservas y producción de crudo y gas del grupo. Sin embargo, desde la renacionalización de los hidrocarburos en Venezuela, la compañía no ha podido desarrollar plenamente el potencial del país.
La situación se deterioró especialmente a partir de 2016, cuando Repsol concedió líneas de crédito superiores a 1.200 millones de euros a la petrolera estatal PDVSA, ante la falta de liquidez del grupo venezolano. A los problemas para recuperar la deuda se sumaron la falta de inversiones, la pérdida de eficiencia productiva y, finalmente, el embargo decretado por EEUU en marzo de 2025, que bloqueó las exportaciones con las que Repsol compensaba parcialmente esos créditos.
Planes estratégicos de Repsol
Como consecuencia, los últimos planes estratégicos de Repsol —incluido el vigente para el periodo 2024-2027— excluían explícitamente a Venezuela de nuevas inversiones en exploración y producción, convirtiendo al país en un activo latente más orientado a minimizar riesgos que a crecer.
Ese planteamiento cambia ahora. El presidente estadounidense ha pedido a las grandes petroleras una inversión conjunta de 100.000 millones de dólares para reconstruir una industria petrolera venezolana obsoleta y sin infraestructuras. En ese contexto, Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, trasladó recientemente a Trump la disposición del grupo a triplicar su producción en Venezuela, siempre que existan garantías jurídicas y financieras suficientes.
Reactivar Venezuela es clave para los planes corporativos de Repsol, que contempla sacar a Bolsa en Wall Street parte de su negocio de upstream o incluso venderlo a un tercero. El país concentra cerca del 15% de las reservas globales del grupo, en su mayoría gas, lo que obliga a realizar inversiones masivas en infraestructuras como plantas de licuefacción o gasoductos hoy inexistentes u obsoletos.
En paralelo, la Administración Trump ha decretado una “emergencia nacional” para proteger en cuentas del Tesoro de EEUU los ingresos procedentes del petróleo venezolano, blindándolos frente a embargos y reclamaciones judiciales. Esta medida responde a una de las principales exigencias de las petroleras para volver a invertir en el país tras años de litigios internacionales derivados de las expropiaciones del pasado.
Con este nuevo escenario, Repsol se prepara para un cambio estratégico sin precedentes, en el que Venezuela deja de ser un riesgo controlado para convertirse de nuevo en una palanca clave de crecimiento, bajo el paraguas político y financiero de Estados Unidos.
