El fondo estadounidense Värde busca una salida para WiZink y estudia trocear el negocio para facilitar su venta.
La propuesta, según adelantó un reportaje de Cinco Días, es dividir la entidad entre un “banco bueno”, con el negocio de tarjetas de crédito, y un “banco malo”, donde quedarían las carteras de préstamos afectadas por litigios por usura y mayores niveles de morosidad.
En paralelo, mantiene conversaciones con Unicaja para traspasar la parte más rentable de la entidad.
La operación supondría un nuevo intento de desinversión tras ocho años de control sobre WiZink, una etapa marcada por reestructuraciones financieras, pérdidas recurrentes y un creciente frente judicial derivado de las sentencias del Tribunal Supremo sobre créditos considerados usurarios.
El deterioro del negocio de financiación al consumo ha obligado a Värde a replantear completamente su estrategia para WiZink.
El fondo tomó el control total de la entidad tras la desaparición de Banco Popular, origen histórico del negocio de tarjetas.
Desde entonces, exploró alternativas como una salida a Bolsa o la venta a otros inversores, aunque ninguna prosperó.
La historia de WiZink
La situación se complicó todavía más en 2022, cuando WiZink tuvo que renegociar su deuda con acreedores y bonistas.
Como parte de aquella reestructuración, Värde cedió cerca del 40% del capital a un grupo de fondos liderado por Beach Point y Monarch a cambio de ampliar vencimientos financieros.
A ello se sumó el impacto judicial sobre parte de su cartera crediticia. Las resoluciones del Supremo contra determinados intereses considerados excesivos y el anteproyecto impulsado por el Ministerio de Economía para limitar el coste del crédito al consumo han elevado la presión sobre el modelo de negocio.
En este contexto emerge Unicaja como potencial comprador. La entidad andaluza busca crecer en segmentos especializados como consumo, crédito y gestión de activos, aunque la operación todavía no ha llegado al consejo de administración.
La principal dificultad para Unicaja reside en evitar asumir las carteras más problemáticas y las posibles contingencias legales asociadas a los antiguos préstamos.
La solución que estudia Värde pasa por segregar los activos. Unicaja adquiriría la plataforma de tarjetas y el negocio más saneado, mientras el fondo retendría los préstamos conflictivos para intentar colocarlos posteriormente a inversores especializados.

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