La inteligencia artificial (IA) ya está transformando el mercado laboral y, según el Foro Económico Mundial, más del 40% de las tareas actuales podrían verse afectadas antes de 2030. Ante este escenario, María Díaz de la Cebosa, presidenta de CIS University, sitúa el pensamiento crítico entre las capacidades esenciales.
«La IA puede procesar datos a una velocidad que ningún humano igualará jamás, pero no puede sustituir el juicio ético, la contextualización cultural ni la capacidad de hacer la pregunta correcta», explica Díaz de la Cebosa.
Para la presidenta de CIS University, la formación exclusivamente técnica puede resultar insuficiente frente a la automatización. El criterio humano, la ética y la capacidad de adaptación ganan peso en un entorno donde las máquinas asumen cada vez más tareas repetitivas.
«Formar exclusivamente en competencias técnicas, sin desarrollar el criterio para cuestionarlas, es preparar a alguien para ser sustituido», subraya. En este contexto, disciplinas como filosofía, historia, literatura, ética o análisis del lenguaje adquieren una nueva dimensión profesional.
¿Qué impulso puede dar la IA?
Entre los perfiles que pueden ganar protagonismo aparecen los auditores éticos de algoritmos, diseñadores de prompts, especialistas en reconversión laboral, verificadores de información, mediadores en conflictos y estrategas de marca y reputación.
Todos ellos tienen un elemento común: no compiten con la IA en velocidad de cálculo, sino que supervisan, interpretan y corrigen sus resultados.
El mercado laboral combinará así automatización y supervisión humana. «No se trata de frenar la tecnología; sería absurdo. Se trata de decidir si formamos personas capaces de dirigirla o personas que simplemente la obedecen», concluye Díaz de la Cebosa.

















