La Cámara de Empresarios Venezolanos en España (CeVe) reunió en Madrid a empresarios y directivos para reflexionar sobre el liderazgo auténtico como palanca de valor empresarial.
El encuentro contó con la participación de Adolfo Ramírez, experto en transformación digital y autor del libro El valor de la autenticidad, y fue moderado por Santiago Ulloa, presidente de CeVe.
Bajo la premisa de que la autenticidad no es un discurso, sino una práctica diaria, Ramírez compartió tres recomendaciones esenciales para construir organizaciones coherentes, resilientes y sostenibles en el tiempo.
Sobre liderazgo
- Primera recomendación: coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Ramírez alertó sobre la creciente brecha entre los valores que las empresas comunican y los comportamientos que realmente practican. «Hoy todas las compañías proclaman los mismos valores, pero pocas los viven realmente. Y eso está generando una crisis de confianza», afirmó. Para el autor, la cultura no se define por eslóganes, sino por qué se mide, qué se premia y qué se permite. - Segunda recomendación: asumir que la autenticidad tiene un coste.
Durante el encuentro se abordó la tensión entre rentabilidad y coherencia. Ramírez fue tajante: «La autenticidad tiene un coste. No es cómoda». Implica revisar incentivos, procesos y estilos de liderazgo, pero es clave para garantizar la sostenibilidad a largo plazo. En este sentido, cuestionó modelos de inversión cortoplacistas: «Muchos fondos compran empresas por su cultura… y la destruyen al día siguiente». - Tercera recomendación: no delegar los valores, ni siquiera en la tecnología.
El impacto de la inteligencia artificial en la gestión empresarial fue otro de los ejes del debate. Ramírez reconoció su potencial, pero advirtió que «hay decisiones —especialmente las relacionadas con personas y valores— que no deberían delegarse nunca». El criterio humano, la experiencia y la ética siguen siendo irremplazables.
El encuentro concluyó con una reflexión personal del ponente sobre su salida de la alta dirección del Grupo Santander. «Tenía el cargo y la seguridad, pero decidí irme porque quería vivir de forma más coherente», compartió. Para Ramírez, “la autenticidad no es un objetivo, es un hábito”, también en la empresa.

Adolfo Ramírez y Santiago Ulloa