Management entre líneas

Las competencias tecnológicas envejecen rápidamente, y los procesos se vuelven obsoletos enseguida. Pero lo que alimenta el liderazgo, el pensamiento crítico y la autonomía en la toma de decisiones tiene unas potentes raíces en la cultura general. Esa que también ayuda a dialogar de la mejor manera con el interlocutor del momento, a interactuar con la inteligencia artificial generativa y a elaborar los prompts más eficaces para obtener resultados a la altura de las expectativas.

La escuela de negocios francesa Neoma Business School ha decidido devolver los clásicos al centro de la formación directiva. A partir de septiembre de 2025, ha introducido en el programa Grande École un curso obligatorio, Lessons from Great Literary Texts: Management, Business and Leadership, que utiliza grandes obras de la literatura para desarrollar el pensamiento crítico, el sentido ético y la empatía en los líderes del mañana.

A través de obras de autores como Émile Zola, Víctor Hugo, Mary Shelley y Alain Damasio, los estudiantes son invitados a enfrentarse a temas como el poder, el trabajo, el dinero, la diversidad y la inteligencia artificial, vinculando los textos literarios con dilemas organizativos concretos. Lo más interesante es que este impulso parte de los propios estudiantes: son precisamente los jóvenes quienes expresan, de manera cada vez más insistente, la necesidad de leer y redescubrir los clásicos.

“La literatura no se limita a explicar la opresión o la diversidad; hace sentir estas experiencias al lector desde dentro, a través de la identificación emocional. Aunque la neurociencia sugiere que la ficción activa en el cerebro las áreas de la empatía, el verdadero poder reside en reprogramar nuestro imaginario obligándonos a vivir otras vidas. Al adoptar la perspectiva en primera persona de personajes marginados como la protagonista de Ourika de Claire de Duras, el lector es descentrado respecto de sus propios privilegios y se ve obligado a observar el mundo a través de una conciencia distinta de la suya. En este caso, John Fowles, su primer traductor al inglés, dijo en 1977 que se trata del primer ‘serio intento por parte de un escritor blanco de entrar en la mente de una persona negra’. Este proceso de entrada en la conciencia del otro es uno de los resultados fundamentales del curso, porque desarrolla una sensibilidad hacia las perspectivas ajenas que es esencial para un liderazgo eficaz”, explica Agathe Mezzadri-Guedj, la profesora del curso.

La empatía explicada por las grandes novelas

La clave para destacar en la empresa es trabajar bien con las personas y comprenderlas en profundidad. Un aspecto crucial y nada sencillo, dada la coexistencia de hasta cinco generaciones distintas. Y la gran literatura es un espejo fiel del caleidoscopio de emociones, impulsos y valores que caracterizan a trabajadores y directivos de todas las edades.

Continúa Mezzadri-Guedj: “He decidido recurrir a la literatura porque enfrentarse a obras fundamentales ofrece una comprensión matizada de la ética, la lógica y la política: cualidades esenciales para cualquier líder en formación. En una época dominada por la IA generativa, existe el riesgo de acabar pensando como máquinas y limitarse a repetir los discursos de los demás”.

Y añade: “La Fontaine lo pone de relieve en la fábula Las exequias de la leona y Montesquieu en Cartas persas. La literatura actúa como un puente, ofreciendo perspectivas diversas que permiten a los estudiantes explorar la experiencia humana y la historia universal de las ideas que subyace a nuestros pensamientos más profundos. Dar a conocer estos grandes textos a los futuros directivos es esencial para afrontar los dilemas centrales del liderazgo y para aportar profundidad a los temas del management contemporáneo”.

La literatura también permite “ponerse en el lugar de los demás” y acceder a experiencias más amplias y estructuradas. Esto es especialmente valioso para los más jóvenes, que, inevitablemente, cuentan con trayectorias profesionales y personales aún limitadas.

Los más experimentados

¿Y para los directivos más experimentados cuál es el beneficio? Evitar el riesgo de perder el contacto con su equipo. Mezzadri-Guedj recuerda que “los errores de Ulises en la Odisea son un buen ejemplo de este riesgo. Está obsesionado con la misión, tiene un campo de visión limitado y carece de empatía. Todo ello implica un coste humano terrible; aunque logra su objetivo, pierde a toda su tripulación porque ha ignorado el punto de vista de sus hombres”.

Y suma otro ejemplo: “También Claude Frollo en Nuestra Señora de París representa un modelo de líder tóxico, que utiliza el poder institucional para oprimir y manipular a las personas que tiene bajo su responsabilidad”. Un buen modelo de liderazgo, en cambio, está representado por Luc Froment, en la novela Travail de Émile Zola: comparte una visión de futuro basada en la solidaridad y humaniza el lugar de trabajo escuchando a quienes operan sobre el terreno.

Cinco temas bajo los focos

Las obras presentes en el curso se seleccionan en base a cinco temas fundamentales: el modelo de referencia del directivo, el vínculo entre el empleado y la organización, la relación entre el ser humano y la máquina, la diversidad, la equidad y la inclusión (DE&I), y la filosofía del dinero. Se utilizan tanto obras antiguas como contemporáneas, como Virgilio, Hugo, Zola y Damasio, para mostrar cómo temas como el dominio, la exclusión y la responsabilidad conciernen al liderazgo en todas las épocas.

Frankenstein de Mary Shelley, una de las novelas estudiadas en el curso, funciona como una advertencia contra la hybris (soberbia) tecnológica y contra la desconexión fatal entre el diseño técnico y la supervisión ética. Alain Damasio (Vallée du Silicium, 2024) nos recuerda que, si por un lado podemos obtener “poder” gracias a las máquinas, por otro corremos el riesgo de perder nuestra “potencia”, es decir, la capacidad de actuar en primera persona, si lo delegamos todo en la herramienta. En definitiva, Frankenstein pone de relieve que la innovación sin conciencia puede representar a ruina de un directivo.

El legado de Émile Zola

Un autor muy estudiado en la Neoma Business School es Émile Zola. “Sus historias fomentan un desplazamiento hacia un liderazgo transformacional, en el que los valores son compartidos y los empleados son tratados como stakeholders que participan en las decisiones estratégicas, en lugar de ser figuras intercambiables. Ponen en evidencia la importancia del cuidado y la necesidad de una organización que permita a los individuos apropiarse de su trabajo a través del pensamiento y la creatividad, en lugar de ser simplemente técnicos asignados a una tarea. También ayudan a reflexionar sobre los límites del paternalismo”, explica la profesora Agathe Mezzadri-Guedj.

Entre las novelas estudiadas en el curso también se encuentra El paraíso de las damas, de Émile Zola, que ha inspirado la serie homónima emitida con éxito durante más de diez años en La 1 de RTVE. ¿La razón? “A diferencia de muchas otras novelas de su época, que son puramente críticas con el mundo empresarial, esta obra muestra una transformación profunda tanto de un líder como de una organización. Es un excelente estudio de cross-fertilization, en el que la transformación personal conduce al progreso social y a la mejora de las condiciones de trabajo dentro de un moderno imperio comercial, sin negar, en cierto punto, ciertas ambigüedades morales”.

La complejidad del mundo

Pero ¿qué ocurre con los directivos que desprecian la literatura? “Pierden la posibilidad de comprender la complejidad del mundo, las raíces históricas de los problemas actuales y la capacidad de la literatura para anticipar el futuro. Pierden la poiesis (‘creación’ en griego antiguo) del management: el acto de añadir una parte de uno mismo y un sentido de propósito a una tarea técnica. Sin la literatura, existe el riesgo de quedar atrapados en una ‘burbuja virtual’ hecha de fake news y discursos ready-to-think, que convierten a los líderes en máquinas. La literatura ofrece esa necesaria distancia que permite considerar distintos puntos de vista y garantiza que las consideraciones humanas sigan estando en el centro de la innovación”.

ENTRE TRADICIÓN E INNOVACIÓN

Eduardo Valls, decano de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid, analiza la nueva tendencia en la formación directiva

Eduardo Valls, decano de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid
Eduardo Valls, decano de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid

¿Por qué, en una época dominada por la tecnología y la innovación, deberíamos seguir mirando a los griegos y a los romanos?

Porque la tecnología y la innovación no existen en abstracto, ni están desconectadas de nuestro mundo. Si ambas se dan, es por causa y en relación con el ser humano. Los clásicos grecolatinos entendieron esto muy bien, y, junto a avances técnicos portentosos, supieron sentar principios muy sólidos para relacionarnos de la forma más funcional posible con la tecnología, los cambios científicos, el poder, las clases sociales, etc. Los clásicos grecolatinos ofrecen un marco referencial de valor incalculable para enfrentarnos a la realidad y sus desafíos, un timón con el que navegar las vicisitudes del mundo. Supieron entender principios rectores en ámbitos como la ética, la política, el arte o la ciencia, principios que trascienden épocas y espacios concretos.

¿Por qué cree que los textos clásicos siguen siendo relevantes para entender problemas contemporáneos como el poder, el trabajo o la desigualdad?

Los textos clásicos combinan tradición e innovación a partes iguales. Son únicos en su género, es decir, en su “clase”, de ahí su calidad de “clásicos”. Son únicos porque se integran en nuestra tradición cultural, pero la redefinen constantemente. No una sola vez (por ejemplo, en el momento de su aparición), sino en una miríada de ocasiones. Cada lectura actualiza esos principios atemporales que mencionaba al principio, y, con ellos, cada lectura, también, cambia nuestra perspectiva de la realidad. Una primera lectura de los clásicos revela formas de ver el mundo que, a buen seguro, se nos habían escapado. Pero igual ocurre con una segunda lectura, y una tercera, y una cuarta. Son textos únicos porque son inagotables.

¿Puede la literatura formar mejores líderes? Si es así, ¿de qué manera concreta?

Más bien, la pregunta debería ser: ¿Puede haber buenos líderes que no lean literatura? La literatura no es un libro de texto ni una asignatura que se aprende en la escuela. La literatura es una experiencia que moldea nuestra forma de pensar y de relacionarnos con la realidad.

Un argumento filosófico tiene un valor humanístico incalculable, pero la recreación literaria de un conflicto, la expresión estética de un principio ético o la construcción lírica de un deseo se imbrican en nuestra conciencia de tal modo que, una vez leídos, ya no pueden no haberse leído, y entran a formar parte, así, de nuestra propia experiencia vital. Un buen líder solo puede surgir de esa mezcla entre el sentido racional de la realidad y la sensibilidad afectiva en las relaciones humanas, de modo que pueda crear vínculos sólidos en los equipos que lidera. La experiencia literaria ayuda de manera crucial a crear sujetos en los que se dé esa mezcla.

¿Qué autores u obras considera especialmente útiles para reflexionar sobre los dilemas éticos en la empresa actual?

La lista es interminable. No acabaríamos nunca. Homero, Heródoto, Tucídides, Esquilo, Sófocles, Eurípides, César, Catulo, Tácito… Cicerón, en su obra De Officiis (III, 11), advierte que lo honesto nunca puede entrar en conflicto con el beneficio (utilitas), es decir, el beneficio no puede obtenerse sacrificando la ética, lo honesto, porque, en última instancia, lo honesto y el beneficio son lo mismo. No hay beneficio si se rompe el tejido de las relaciones personales entre quienes disfrutan de dicho beneficio.

El conflicto entre una cosa y otra (beneficio y honestidad) no es real, ya que la injusticia y el engaño no constituyen una verdadera utilidad. Antes, al contrario, corrompen y devalúan el propio beneficio. ¡Ojo!, la idea no solo funciona en sentido ético, también en sentido económico-social. Los estoicos sostenían el mismo principio: “utile esse censerent nec utile quicquam, quod non honestum”, es decir, solo es verdaderamente útil aquello que es honesto. Benjamin Franklin tenía este principio muy en cuenta. Adivinen qué autores leyó para comprenderlo.

Si un directivo de hoy le dijera que no tiene tiempo para los clásicos, ¿cómo lo convencería de lo contrario?

Tres horas con Tucídides y su comprensión pragmática del mundo ahorran varios meses, por no decir años, de intentar entender la errática política exterior de Trump.

Artículos relacionados