El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía acoge este verano Entes, la retrospectiva más ambiciosa dedicada hasta la fecha a la artista catalana Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926-2011), figura fundamental en la renovación del lenguaje escultórico textil europeo del siglo XX. Coincidiendo con el centenario de su nacimiento, la exposición reúne más de 150 obras realizadas entre los años cincuenta y comienzos del siglo XXI, ofreciendo un recorrido exhaustivo por una trayectoria marcada por la experimentación, la libertad formal y la expansión del arte textil hacia territorios escultóricos y arquitectónicos.
La muestra, organizada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y MACBA, puede visitarse en el Edificio Nouvel del museo madrileño hasta el 7 de septiembre de 2026, antes de viajar a Barcelona en noviembre. El proyecto ha sido desarrollado por la Fundación EINA bajo la dirección científica de Manuel Cirauqui, junto a Rosa Lleó y Sílvia Ventosa Muñoz, hija de la artista y custodio principal de su legado.

EL TEJIDO EN PENSAMIENTO
La exposición revela cómo Aurèlia Muñoz transformó técnicas tradicionalmente asociadas a lo artesanal — bordado, macramé, tejido o papel hecho a mano— en estructuras escultóricas de gran complejidad conceptual. Su trabajo abandonó progresivamente el plano bidimensional para ocupar el espacio mediante formas suspendidas, orgánicas y móviles que la situaron en diálogo con corrientes internacionales como la Nouvelle Tapisserie europea y el Fiber Art anglosajón.
El título de la exposición, Entes, resume precisamente esa visión expandida de la obra de Muñoz. Según explica Manuel Cirauqui, todas sus creaciones eran concebidas como “seres híbridos, sensibles y sin género definido”, figuras que habitan un universo a medio camino entre lo vegetal, lo animal y lo abstracto.
La retrospectiva incorpora numerosas piezas inéditas, especialmente dibujos y cuadernos de trabajo que permiten descubrir el proceso creativo de la artista. En ellos aparecen ya las formas ambiguas y los personajes interespecie que poblarían más tarde sus grandes instalaciones textiles y esculturas aéreas.

UNA RUTA INSPIRADORA
El recorrido comienza con las primeras obras textiles de finales de los años cincuenta y sesenta, cuando Muñoz investigaba técnicas medievales y populares inspiradas tanto en el arte románico como en las vanguardias de Joan Miró, Paul Klee o Antoni Gaudí. Bordados monumentales como Homenaje a Jerónimo Bosco (1971), exhibido por primera vez en un museo, muestran cómo la artista reinventó el tapiz tradicional mediante composiciones de gran escala y fuerte carga simbólica.
Uno de los puntos culminantes de la exposición llega en la Sala 2, dedicada a las esculturas anudadas de macramé. Allí aparecen algunas de sus obras más emblemáticas, suspendidas en el aire como organismos vivos. Destacan Àguila Beix (1977), procedente del Museum of Modern Art, o Ens místic (1977), piezas donde el nudo deja de ser un elemento decorativo para convertirse en estructura arquitectónica.
Estas esculturas monumentales, realizadas con sisal, yute o algodón teñidos por la propia artista, consolidaron su reconocimiento internacional tras su participación en sucesivas ediciones de la Bienal Internacional del Tapiz de Lausana.
La cuarta sala está dedicada a los célebres Pájaros-cometa o Aerostatos, esculturas aéreas desarrolladas durante los años ochenta. Inspiradas en la navegación a vela, la papiroflexia y las máquinas voladoras de Leonardo da Vinci, estas estructuras ligeras de algodón, lino y aluminio parecen flotar sobre el visitante.

PAISAJES AÉREOS
Las piezas dialogan con una amplia selección de dibujos inéditos que muestran cómo Muñoz concebía cada obra como un proyecto espacial. Cuadernos, bocetos y maquetas revelan un método de trabajo cercano a la arquitectura, basado en estudios de tensión, suspensión y escala.
La exposición rescata también la memoria de la histórica instalación que la artista presentó en 1982 en el Palacio de Cristal del Retiro, donde sus aerostatos transformaron el espacio en una especie de paisaje aéreo en movimiento.
Con Entes, el Reina Sofía no solo revisa la trayectoria de una creadora esencial del arte textil contemporáneo; también devuelve al centro del debate artístico una obra visionaria que convirtió fibras, nudos y papeles en organismos sensibles capaces de dialogar con el espacio, la naturaleza y el futuro.
