Rafael Macarrón: retratos que hablan

Rafael Macarrón

Rafael Macarrón es uno de los artistas contemporáneos más destacados en la escena internacional, conocido por sus retratos que combinan realismo exquisito con una sensibilidad casi cinematográfica. Su obra ha capturado la atención de coleccionistas y críticos por igual, consolidando su lugar en importantes espacios de arte contemporáneo. Recientemente, algunas de sus piezas han sido parte de la programación de Galería Cayón, un referente en España que acompaña a artistas de gran proyección con exposiciones que dialogan entre tradición y vanguardia. En esta entrevista, Macarrón nos abre las puertas de su estudio para hablar sobre su proceso creativo, su visión del retrato contemporáneo y la manera en que la pintura sigue sorprendiendo en un mundo dominado por lo digital.

¿Cuál fue tu primer recuerdo claro de querer ser artista?

La verdad es que no tengo un momento exacto en el que decidiera que quería ser artista. Fue algo que se fue dando poco a poco. Desde pequeño siempre me gustó dibujar y pintar, pero al principio no pensaba que pudiera dedicarme a eso. Con el tiempo empecé a hacer más cosas, a vender algunas obras y a ver que quizá podía vivir de ello.

Ha sido un proceso largo y lento. Da un poco de vértigo pensar que te vas a dedicar solo a esto, o que algún día podrías quedarte sin ideas. Pero también hay algo muy bonito en ese riesgo. Creo que realmente me di cuenta de que quería pintar cuando hice las prácticas de fisioterapia y entendí que no quería seguir por ese camino. Ahí fue cuando vi que lo que de verdad me llenaba era la pintura.

¿Hubo algún momento decisivo en tu carrera que definió tu estilo actual?

No creo que haya habido un momento concreto, sino más bien una evolución natural. Desde pequeño me han atraído ciertos artistas y formas de pintar. Recuerdo descubrir a Picasso, Dubuffet o Alfonso Fraile, y sentir que había algo en sus obras que me conectaba profundamente con la pintura. A partir de ahí fui probando, explorando, cambiando… y poco a poco mi estilo fue apareciendo solo, sin darme mucha cuenta. Con el tiempo vas encontrando tu propio lenguaje. Creo que más que un momento decisivo, ha sido un proceso continuo de mirar, aprender y dejar que lo que te gusta se mezcle con lo que eres.

RAFAEL MACARRONSin título

2025

Óleo sobre lino.

183 x 226 cm
RAFAEL MACARRON
Sin título
2025
Óleo sobre lino.
183 x 226 cm

¿Cómo empieza un nuevo proyecto para ti? ¿Primero surge la idea, la forma o el color?

Depende mucho del proyecto y del espacio. Si tengo que adaptarme a un lugar concreto, lo primero que hago es conocerlo bien. Necesito entender cómo es, cómo se siente, qué pide. A partir de ahí empiezo a imaginar qué tipo de obras podrían funcionar ahí. Normalmente, primero surge la idea, algo bastante general, y después viene la forma. Me gusta hacer muchos dibujos previos antes de pasar al lienzo, necesito ese tiempo para pensar, para probar. El color llega más tarde, cuando ya tengo claro lo que quiero expresar con la pintura.

¿Tienes rituales o rutinas que acompañen tu proceso creativo?

Sí, suelo trabajar siempre por las mañanas, porque es cuando me siento más creativo y con la cabeza más despejada. Es mi momento del día para concentrarme. Empiezo haciendo muchos dibujos automáticos, sin pensar demasiado, simplemente dejando que las ideas salgan solas. Después hago dibujos más pensados, más estructurados. Más tarde me gusta juntar ambos tipos de dibujos y ver qué pasa al combinarlos. A veces surgen relaciones o formas que no esperaba, y de ahí salen nuevas ideas para las pinturas.

Tu obra combina influencias de cómic, graffiti y pintura clásica. ¿Cómo integras estas referencias en algo propio?

Creo que hoy en día todo se mezcla, igual que pasa en la música: la gente combina estilos y géneros hasta que surge algo nuevo, algo propio. En mi caso, aunque a veces se mencione el cómic o el graffiti, realmente mi inspiración viene más de la pintura clásica. Me interesan artistas como Van der Weyden, Bacon o Rothko, especialmente este último, por esa búsqueda de algo más trascendental en la pintura.

Lo que intento es llevar esas influencias a mi propio lenguaje, a mi manera de pintar. Me interesa que la obra tenga una carga contemporánea, pero también que trascienda. Si una pintura no logra ir un poco más allá, siento que se queda vacía, que muere.

Tus personajes suelen transmitir emociones complejas a pesar de su apariencia surrealista. ¿Qué buscas expresar con ellos?

Más que surrealistas, yo los veo como personajes llenos de vida, con alma. Me interesa que transmitan emociones y sentimientos reales, que se note que detrás hay algo humano. A veces se habla de surrealismo, pero yo creo que se acercan más a un tipo de realismo mágico, donde lo cotidiano y lo extraño conviven. Son personajes que, aunque parezcan salidos de otro mundo, tienen preocupaciones muy terrenales, cosas del día a día. Me gusta que reflejen esas contradicciones, que sean vulnerables y al mismo tiempo muy vivos.

RAFAEL MACARRONSin título

2025

Óleo sobre lino.

183 x 226 cm
RAFAEL MACARRON
Sin título
2025
Óleo sobre lino.
183 x 226 cm

¿Qué papel crees que debe jugar el arte en la sociedad contemporánea?

Creo que el artista siempre va un paso por delante de la sociedad. Primero se crea el arte, y después la sociedad lo asimila. En ese sentido, los artistas son un poco visionarios, capaces de ver o intuir cosas antes de que ocurran.

El arte no debería seguir al mercado ni adaptarse a lo que se espera de él; al contrario, debe anticiparse, abrir caminos, generar preguntas y hacer pensar. Creo que su papel es justamente ese: crear un discurso, una mirada distinta sobre el mundo. Y, al final, dejar un legado, algo que sirva a los que vienen después para entender un poco mejor su tiempo y el nuestro.

Si pudieras hacer que alguien recordara solo una cosa de tu obra, ¿cuál sería?

Me gustaría que recordara la emoción de ver un cuadro. Ya sea por el espacio, por el personaje o por el color, lo importante para mí es que la obra consiga emocionar. Es algo muy difícil, pero cuando sucede, es lo más valioso que puede pasar.

Quisiera que mis pinturas trascendieran, que despertaran en quien las mira una sensación parecida a la que yo tengo cuando me emociono frente a una obra de Rothko, por ejemplo. No hablo de lo religioso en sí, sino de ese sentimiento profundo, casi espiritual, que te conecta con algo más grande que uno mismo. Si alguien puede sentir eso frente a una de mis obras, ya estaría más que satisfecho.

¿Hay nuevas técnicas, materiales o soportes que te gustaría explorar en tu obra?

He tenido la suerte de trabajar en distintos tipos de proyectos, tanto arquitectónicos como dentro de mi nuevo estudio, y eso me ha permitido experimentar mucho. En este espacio que estoy creando, sigo explorando diferentes disciplinas y formas de relacionar la pintura con el entorno.

Aunque lo que más he hecho —y donde más cómodo me siento— es el dibujo, también me interesa la escultura, la arquitectura y todo lo que tiene que ver con jugar con los espacios. Me considero un artista bastante multidisciplinar, y me gusta moverme entre distintos lenguajes para ver cómo cada uno puede aportar algo nuevo a mi trabajo.

¿Cómo imaginas que evolucionará tu estilo en los próximos 5 o 10 años?

La verdad es que no lo sé y tampoco me preocupa demasiado. Siempre me ha pasado que el dibujo va por delante de la pintura, y eso me permite explorar ideas sin obsesionarme por un resultado inmediato. Mi estilo ha ido evolucionando desde el principio, y sé que seguirá haciéndolo de manera natural.

Esta evolución surge por sí sola, no la fuerzo. Tengo fe creativa, y entiendo que el tiempo es lento: a veces pasan años hasta que consigo plasmar una idea en el papel o en el lienzo tal como la imaginé. Me gusta dejar que ese proceso siga su curso y disfrutar de cada etapa, sin prisas.

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