Desde hoy, Barcelona activa oficialmente su programa como Capital Mundial de la Arquitectura 2026, un reconocimiento concedido por la UNESCO y la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) que convierte a la ciudad en epicentro global del debate urbano, arquitectónico y social durante los próximos diez meses.
El nombramiento coincide con un año especialmente simbólico para la ciudad: se cumplen 100 años de la muerte de Antoni Gaudí y 150 años del fallecimiento de Ildefons Cerdà, dos figuras clave para entender la identidad arquitectónica y urbanística de Barcelona. Lejos de limitarse a una conmemoración histórica, la capitalidad mira al futuro y plantea la arquitectura como herramienta para afrontar retos contemporáneos como la crisis climática, la densidad urbana o la escasez de recursos.
10 mesos, 10 districtes, 10 seus
Bajo el lema “10 mesos, 10 districtes, 10 seus”, el programa se desarrollará desde hoy, día de Santa Eulàlia, hasta el 10 de diciembre, festividad de Santa Llúcia. Cada mes, un distrito será el protagonista de una agenda que suma más de 1.500 actividades repartidas por toda la ciudad: rutas guiadas, talleres, exposiciones, debates y espectáculos pensados para públicos muy diversos.
La propuesta busca sacar la arquitectura de los circuitos especializados y llevarla a bibliotecas, mercados municipales, centros cívicos, museos y calles, reforzando la idea de que el espacio urbano es un patrimonio compartido. El Eixample abrirá el calendario y Ciutat Vella será el encargado de cerrarlo, en un recorrido que pone el acento en la escala de barrio.
Uno de los principales ejes del programa será la Casa de la Arquitectura de Barcelona, ubicada en la antigua editorial Gustavo Gili, que acogerá exposiciones centradas en proyectos urbanos que marcarán la transformación de la ciudad en los próximos años. A ello se sumará el Congreso Mundial de Arquitectura de la UIA, que se celebrará del 28 de junio al 2 de julio en espacios emblemáticos como el Disseny Hub y las Tres Chimeneas de Sant Adrià.
Maqueta monumental
La capitalidad también dejará huella física. Entre las intervenciones más destacadas figura una gran maqueta monumental de Barcelona, de once por nueve metros, concebida como herramienta pedagógica y de reflexión urbana, así como la transformación de diez medianeras, una por distrito, seleccionadas entre cientos de propuestas internacionales para mejorar el paisaje urbano y la habitabilidad.
Como gesto inaugural, la ciudad iluminará varios de sus edificios declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO, entre ellos la Casa Batlló, La Pedrera y la Cripta de la Colònia Güell, dando comienzo a un año en el que Barcelona reivindica su pasado arquitectónico mientras imagina nuevas formas de vivir y construir la ciudad.

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