Es hipnótico percibir la frecuencia con la que late el tourbillon. Resulta magnético. Una delicia estética que no tuvo en cuenta el genio de la relojería Abraham-Louis Breguet cuando lo patentó en 1801. Lo concibió con la función práctica, útil, de aumentar la precisión de los relojes de bolsillo que le denegaba la fuerza de la gravedad.
Sin entrar en farragosas cuestiones de masa, energía y curvatura espacial (y temporal) del universo, digamos que Breguet, avispado, detectó cómo la gravedad atraía, tiraba hacia abajo, los minutos componentes del calibre de un reloj que solía permanecer arrebujado en su bolsillo, relajado.
Esto afectaba al escape, el corazón del guardatiempos, el que con su volante, áncora y espiral marca el ritmo del tictac, de la precisión y fiabilidad… Se atrasan y adelantan con un descaro que Breguet no estaba dispuesto a soportar. Creó una jaula en la que esos elementos que conforman el órgano regulador giraban sobre su propio eje y así compensaba la holgazanería del reloj, que solía permanecer casi siempre en la misma posición, carnaza para la agresiva gravedad. Lo llamó con la palabra francesa tourbillon (“torbellino” en español) y su alma era la de una función utilitaria, pragmática, que requería de destreza en su artesana fabricación.
Con el tiempo, las innovaciones tecnológicas y en materiales, la llegada de la masa oscilante en los relojes de pulsera automáticos y demás avances, el tourbillon ha perdido esa practicidad, pero es un símbolo de la maestría inherente a toda firma que se precie de pertenecer al selecto club de la alta relojería.

BR-X3 Tourbillon Micro- Rotor, de Bell & Ross: Movimiento mecánico automático con jaula de tourbillon volante a las 5:30 h. Anchura de la caja de 40 mm en acero pulido y esfera esqueletizada. Precio: 89.000 euros (ed. limitada a 25 piezas)
Pura atracción
Una complicación (aquí habría otro debate, pero esa es otra historia…) soberana, magnificente, gesto del savoir faire, del talento de una manufactura. No pinta mucho como función efectiva que contrarreste la fuerza de la gravedad, al fin y al cabo, es un órgano regulador moderno, pero no todo en la vida tiene que ser lucrativo y productivo. Y es tan hermoso observar el imparable compás del tourbillon, ese latido incesante. Pura atracción.
El caso es que su presencia, a día de hoy, año 2026, aparece con asiduidad en las novedades que lanzan las marcas. Engrandece las esferas. Audemars Piguet lo muestra en el Code 11.59 by Audemars Piguet Tourbillon Volante Automático. En su caja de oro blanco se atisba, a las 6 horas, su giro que no cesa, que, al diseñarlo sin el puente superior, permite clavar la mirada hasta las entrañas de su movimiento.
Hublot hace gala de su disruptiva contemporaneidad con el Big Bang Tourbillon Novak Djokovic Goat Edition, con una jaula del tourbillon (la cage) de aluminio anodizada en azul, naranja o verde, a juego con el color de la caja. Vacheron Constantin sitúa también a las 6 h (la ubicación habitual del tourbillon… pero no siempre) este flamante órgano en el nuevo Overseas Tourbillon, el primero de esta familia que combina titanio y una esfera de color rojo intenso. Para más inri, es un movimiento ultraplano, una complicación más a añadir al propio tourbillon, que con su jaula suele requerir grosores generosos.

Code 11.59 by Audemars Piguet Tourbillon Volante Automático, de Audemars Piguet: Caja de 41 mm en oro blanco y corona de cerámica negra. Esfera de color marfil, movimiento automático con tourbillon a las 6 horas. Precio: Bajo petición
Minimalismo geométrico
Bell & Ross luce un minimalismo geométrico artístico en el BR-X3 Tourbillon Micro-Rotor. Esqueletado es una oda a la transparencia cortada por líneas inspiradas en los trazos de Piet Mondrian y en los diseños de la visionaria Charlotte Perriand.
El gran maestro de las grandes complicaciones, Patek Philippe, no es devoto (curioso) del tourbillon… Eso no significa que no alardee de su sabia capacidad para manufacturar excelsos ‘torbellinos’. Como ejemplos, el relanzamiento del Sky Moon Tourbillon en versión de oro rosa con esfera de esmalte marrón, una pieza exultante, que de hecho rubrica la etiqueta de ser uno de los relojes de pulsera más complejos de Patek Philippe. O la flamante referencia 5316/50P-001, que hermana el tourbillon con grandes complicaciones como la repetición de minutos y el calendario perpetuo.

Big Bang Tourbillon Novak Djokovic Goat Edition, de Hublot: Caja de 44 mm en material de alta tecnología en tres versiones según el color: azul, naranja o verde mate. Movimiento tourbillon automático y esfera esqueleto. Precio: 119.000 euros