Del Louvre al Pop Art

OYSTER PERPETUAL 36, de Rolex

Juegan en otro campeonato. Pertenecen a mundos caprichosos, exuberantes, delicados. En ocasiones añaden grandes complicaciones, pero no es ese su objetivo, su manera de ser, o de querer ser. En estos relojes, considerados por muchos verdaderas obras de arte en miniatura, su razón existencial es un tour de force, que dirían los franceses, hazañas que expresan la habilidad de los maestros (y maestras) artesanos por mantener con vida unos oficios que, ante la digitalización, la urgencia, la velocidad, tienden a perderse por la falta de recambio generacional.

Por fortuna, ciertas manufacturas han erigido cosmos dedicados a la supervivencia (y enseñanza, esencial) de técnicas como el esmaltado (champlevé, cloisonné, flinqué…), el grabado a mano, la pintura en miniatura, el guilloché (a mano… siempre las manos), marquetería, damasquinado, micromosaico, pulido negro (poli miroir) y, por incluir un punto final, el engastado de piedras preciosas.

Ah, maravillosos departamentos de Métiers d’Art. Patek Philippe es un maestro en estos menesteres. En la última edición del Watches & Wonders (como todas las novedades que aparecerán en este texto, así no lo repetimos más), ha presentado el autómata (otro guiño al pasado), El zorro y el cuervo, una reinterpretación de una pieza de bolsillo de 1958, que indica las horas y los minutos a demanda, el primero de esta guisa en incorporarse a su colección actual: su primer reloj de pulsera autómata moderno. Supone una visión artística y poética del tiempo, inspirada en la célebre fábula homónima de Jean de La Fontaine. En la esfera, compuesta de una placa de oro de 18 quilates con terminación opalina, se aplican nueve elementos en distintos tipos de oro (amarillo, rosa o blanco) grabados a mano. El queso que se escapa del pico del cuervo es de oro amarillo y titanio, piezas florales grabadas y cinceladas a mano, diamantes engastados…

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REF. 5249R-001, ‘EL ZORRO Y EL CUERVO’, de Patek Philippe: Reloj de pulsera, horas y minutos a demanda, autómata. Movimiento mecánico de cuerda automática, caja de oro rosa de 43 mm de diámetro, esfera en oro rosa de 18 quilates en tono marrón ‘matara’ y acabado opalino. Precio: 377.039 euros

En el año del centenario de la icónica caja Oyster, Rolex se ha marcado Oyster Perpetual 36, cuya esfera se podría incluir en un catálogo de repetitivas serigrafías warholianas, en un lienzo en el que se funden el Op Art con la abstracción geométrica matemática. Las letras que conforman “Rolex” surgen en multitud de colores y tamaños sobre una esfera lacada, aplicadas con la técnica de la tampografía, que luego se barniza y pule; un engaño óptico: ¿es tridimensional o no? Vacheron Constantin, manufactura sempiterna defensora de legendarias artesanías, ha lanzado Métiers d’Art Tributo a las Grandes Civilizaciones, una serie de cuatro relojes inspirados en obras maestras del Louvre. En colaboración con el departamento de Antigüedades de la pinacoteca, sus esferas han viajado al Egipto faraónico, al Imperio Asirio, a la Antigua Grecia y al Imperio romano. Cuadros en la muñeca realizados con técnicas como la glíptica, el micromosaico, el grabado, el esmaltado, la marquetería, el dorado y la pintura en miniatura.

Los ejemplares Grand Seiko Spring Drive hechos a mano de la Colección Masterpiece los pergeñan los artesanos y artesanas de élite de su Micro Artist Studio. Este 2026, el honor ha recaído en un reloj en el que el grabado sobre diamantes, platino y oro blanco se desparrama como un todo por la esfera, el bisel, la caja y las asas en un remedo de la majestuosa Cascada Tateshina, sita en un bosque primigenio en Shinshu (centro de Japón).

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MÉTIERS D’ART TRIBUTE TO GREAT CIVILISATIONS-BUSTE D’AKHÉNATON, de Vacheron Constantin: Caja de oro blanco de 42 mm, horas, minutos y día de la semana y fecha, esfera con apliques de arte glíptico. Automático. Precio: solo 15 piezas; 275.000 euros (aprox.)

Louis Vuitton lleva la artesanía en las venas, y en su versión relojera gusta de soltar, cada año, una ambrosía artística. El afortunado de la temporada es el Tambour Convergence Guilloché, una celebración al tradicional torneado a mano. Ondas concéntricas rodean la superficie superior de la caja de oro rosa. El centro juguetea con rayos ondulantes. Un paisaje dorado de texturas, movimientos, sensaciones táctiles…Unas manos que, si fallan (por un pelo) en la presión uniforme, en el sendero de la línea… echan a perder el trabajo, el esfuerzo, de días y días y días.

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TAMBOUR CONVERGENCE GUILLOCHÉ, de Louis Vuitton: Caja de oro rosa de 18 quilates de 37 mm, pulida a espejo y guilloché a mano, discos de horas y minutos, movimiento mecánico automático, reserva de marcha de 45 horas. Precio: 59.500 euros

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