Por el aire culebrean multitud de significados de esa palabra y formas de pensar (y actuar) llamada sostenibilidad. Las obvias ya se conocen de sobra (tirar los residuos a su contenedor, apagar luces, disminuir el consumo de combustibles fósiles…), pero si uno se adentra en el complejo entramado de ideas ‘sostenibles’, son esenciales fortalecer la comunidad, sueldos dignos, enriquecer las tradiciones locales, cercanas, y evitar la desaparición de técnicas ancestrales, de nuestro pasado… y de nuestro presente y futuro. En la Alta Relojería esto se traduce en frenar el olvido de artesanías que engrandecen los relojes, esas que requieren paciencia, calma, dominio y unas manos (y miradas) celestiales.
El auge de la ecoconciencia ha resultado en un acicate y resurgimiento (y revalorización) para numerosas manufacturas, porque no vale solo con fabricar esferas o brazaletes con residuos, que también. En la pasada edición de Watches and Wonders, Patek Philippe sacó a relucir una pieza en la que descansan un sinfín de dedos expertise, una extraordinaria oda a las altas artesanías: el 27000M, un reloj de mesa inspirado en un calendario perpetuo vendido en 1923 al coleccionista estadounidense James Ward Packard.

MASTER GRANDE TRADITION, DE JAEGER-LECOULTRE
La manufactura ha realizado uno nuevo que, además, ha entrado en su colección, y aúna paneles de esmalte verde Grand Feu flinqué (en hornos a más de 800 grados) con un motivo guilloché (la delicada técnica del grabado) de remolinos, grabados con motivo de ‘cuerda’ y apliques de vermeil (metalistería de plata chapada en oro). Una obra de arte que da vértigo tocarla… Si ponemos los pies en el suelo, otro ejemplo y novedad es el Calendario Perpetuo Retrógrado (ref. 6159G), con esos bisel y fondo guillochés esculpidos con el motivo Clous de Paris, también de Patek Philippe. En el Classique Tourbillon Sidéral 7255, Breguet adorna, por primera vez en su historia, la esfera con esmalte de aventurina sobre una base de oro, que luego salpica de virutas de cobre que semejan estrellas. El esmalte de aventurina se remonta a principios del siglo XVII y, sí, es un goce mirarlo y pensar: ¿cómo lo consiguen?
Seguimos en Suiza. En el Valle de Joux, Jaeger-LeCoultre dedica un espacio, en uno de sus edificios históricos, al Atelier des Métiers Rares (en español, Taller de Oficios Exclusivos e inauditos). Ahí conviven el esmaltado, el grabado, el engaste y el guilloché, tareas que la firma entiende como parte esencial de su identidad. En silencio, concentrados, 30 maestros trabajan en sus bancos de madera, absortos en su burbuja creativa, en su puntillosa labor. A este taller recalan piezas tan sorprendentes como el Reverso Tribute Gyrotourbillon o el Master Grande Tradition.

EL AÑO DEL CABALLO, DE VACHERON CONSTANTIN
Otra egregia manufactura que mima y protege las artesanías es Vacheron Constantin, cometidos que agrupa en el taller Métiers d’Art, en donde diestras manos de grabadores, esmaltadores, engastadores y artistas del guilloché trajinan en estrecha colaboración con el estudio de diseño. Un talento que para ellos refleja y expresa un deseo de transmisión… que no desaparezcan, y que se degusta en el recién presentado modelo El Año del Caballo, perteneciente a su colección La Leyenda del Zodiaco Chino. El sofisticado calibre está al servicio de la estética, de esa evocadora esfera en la que anidan los oficios del grabado en relieve, la pintura en miniatura y el esmaltado Grand Feu.

Patek Philippe Grand Complications referencia 6159G-001.

