La IA ya no es el problema, es saber usarla

Inteligencia Artificial IAGetty Images

La mayoría de empresas en España ya ha tomado una decisión con la inteligencia artificial: invertir. El matiz importante es que muchas todavía no han resuelto la segunda parte, la que de verdad separa la teoría del negocio: cómo convertir esa inversión en impacto real.

Los datos son bastante claros. Según el informe Indicadores de uso de inteligencia artificial en España 2024 del ONTSI, solo el 11,4% de las empresas de más de 10 empleados utiliza IA de forma efectiva. Y dentro de ese grupo, el Banco de España apunta a un patrón común: en la mayoría de casos, su uso sigue siendo experimental, no estructural.

La foto general es la de siempre: mucha intención, poca integración.

Una brecha que no es tecnológica, es organizativa

La diferencia no está tanto en el acceso a las herramientas como en la capacidad interna para usarlas con criterio. O dicho de forma más directa: no falta tecnología, falta preparación para incorporarla al día a día.

La mayoría de las empresas no tiene un problema de acceso a la IA. Tiene un problema de capacidad interna para usarla con impacto”, explica Adrián Aira, CEO de Elev8. El contraste es evidente. Mientras las grandes compañías ya alcanzan niveles de adopción cercanos al 44%, el tejido de pymes sigue lejos de convertir la IA en una herramienta operativa real.

Adrián Aira

Adrián Aira CEO Elev8

Aquí aparece otro dato relevante: el 78% de los trabajadores considera que su empresa debería ofrecer formación adecuada en IA. La demanda está ahí. La respuesta, en muchos casos, no.

El error recurrente: empezar por la herramienta

En muchas organizaciones se repite un patrón bastante reconocible: se compra tecnología antes de redefinir cómo se trabaja. El resultado es previsible: acumulación de herramientas sin transformación real.

“El error más común es empezar por la herramienta. Se compra tecnología esperando resultados inmediatos, pero sin haber preparado antes a los equipos para utilizarla”, apunta Aira.

Y eso se traduce en tres problemas muy concretos:

  • formación genérica, poco conectada con el negocio
  • falta de adaptación al nivel real de los equipos
  • ausencia de métricas claras de impacto

En otras palabras: se forma, pero no se transforma.

De saber qué es la IA a saber trabajar con ella

El punto crítico ya no es conceptual. Casi todas las empresas saben qué es la inteligencia artificial. El reto ahora es otro mucho más incómodo: integrarla en procesos, decisiones y operativa diaria.

Cuando eso ocurre, la IA deja de ser un proyecto aislado y pasa a ser una capacidad transversal dentro de la organización. “Cuando la formación está bien planteada, la IA deja de ser una iniciativa aislada y pasa a formar parte de cómo trabaja el equipo”, resume Aira.

2026: el año de la madurez

La inteligencia artificial está saliendo de su fase de experimentación. Y con ello cambia el criterio competitivo: ya no importa tanto quién la prueba primero, sino quién consigue escalarla de verdad.

La conclusión es bastante directa: el reto no es implementar IA, es estar preparado para competir con ella.

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