Viajar es para muchos algo más que ir de un punto a otro. Los apasionados del volante se salen de las autovías para buscar carretas donde la experiencia de conducción sea tan apasionante como los paisajes, la gastronomía y los lugares que se atraviesan. En la Península Ibérica hay un buen puñado de carreteras que buscan los amantes de los viajes estimulantes, muchas no aptas para cardíacos. Desde Business People os proponemos estas estimulantes rutas para inconformistas y perfectas para trazar en los meses de verano.
Por la costa oeste de Asturias
Desde que el Principado está trazado por autopistas y autovías, pocos se apuntan al provocador recorrido de viajar de Gijón a Cudillero por Avilés bordeando el mar, pero es una ruta imprescindible para conocer la verdadera Asturias cantábrica. Un viaje por carreteras secundarias que nos permite ver, desde miradores privilegiados, una sucesión de playas infinitas y bosques mágicos salpicados con capillas prerrománicas, hórreos, edificios modernistas e incluso algunas magníficas obras de arte contemporáneo. Naturaleza salvaje y esqueletos de un pasado industrial.

Mirador al Atlántico
En las Rías Bajas hay una carretera fácil para el conductor, pero también una experiencia para todos los sentidos. Poco más de 32 km de asfalto colgado sobre un mar bravío, mirando a oeste y a la mejor puesta de sol del verano. La PO-552 enlaza la bahía de Baiona, cerrada por la fortaleza y el Parador Pedro Madruga, que mira a las islas Cíes, y A Guarda, en la desembocadura del Miño, villa marinera y gastronómica. La carretera, que forma parte del Camino de Santiago portugués por la costa, está encajada entre la Sierra de Agroba y los rompeolas naturales de un mar que tiene enfrente Nueva York. El faro de Cabo Silleiro ofrece ahora la experiencia única de un hotel boutique, con el mismo nombre, y ventanas que son un cuadro que cambia cada día.

La Costa Brava de Dalí y Ava Gardner
La ruta por la costa entre Blanes y Figueres, la capital del surrealismo daliniano, son 180 km por carreteras que bordean un perfil muy recortado y nos acercan a algunas de las calas más bonitas del Mediterráneo. Tramos, como el que va de Tossa del Mar a Sant Feliu de Guíxols por la GI 682, la carretera más bonita de la Costa Brava, enlaza curvas a derecha e izquierda, con precipicios de vértigo, subiendo y bajando siguiendo la línea de la orografía.
Los pequeños y elegantes pueblos marineros que vamos atravesando traen ecos cinematográficos y literarios. En el hostal La Gavina de S’Agaró se alojó Ava Gardner cuando rodó en 1950 Pandora y el holandés errante. Más tarde pasaron por allí desde Charles Chaplin a Rock Hudson. En Palamós vivió una temporada el escritor estadounidense Truman Capote, en Palafrugell nació el genial Josep Pla y en Portlligat tenía su casa de verano Salvador Dalí.

Formentera, paraíso recuperado
La isla habitada más pequeña de Baleares tiene sólo 83,2 km², pero su belleza ha hecho de ella uno de los destinos más deseados del mundo. Desde Julio Verne a Bob Dylan, Jimi Hendrix, Valentino Rossi o Kate Moss… todos se han fijado en ella. La PM-820 es su columna vertebral de este a oeste y con 20 km la distancia más larga que se puede hacer, entre el puerto de Sa Savina y el faro de Cap de la Mola, el punto más alto a 192 metros sobre el mar. Una carretera con un carril por sentido, ningún semáforo, tres rotondas y sólo ocho o diez curvas en la subida a la Mola. Pero el tráfico de ciclomotores es endiablado, sobre todo en verano.

Los cerezos del Valle del Jerte
Situado en la provincia de Cáceres, está atravesado de este a oeste por la N-110. Este paisaje, declarado de interés cultural en 1973, va de Plasencia al puerto de Tornavacas, frontera con la provincia de Ávila. Su encanto radica en su orografía, un valle en forma de V suave, atravesado en el fondo por el río Jerte, que viene del árabe xerit (río angosto o cristalino). Zona de cerezos, los colores del valle pasan del blanco de la floración en primavera, al rojo del fruto en verano y el verde después.

Viñedos sobre el Duero
Vino y carretera pueden ser una pareja poco prudente, pero imprescindible en la Ribera del Duero, donde se hacen algunos de los mejores vinos del mundo entre castillos, monasterios, ruinas romanas y bodegas de arquitectura vanguardista. La N-122 se despliega entre Valladolid y Aranda de Duero (Burgos), atraviesa el corazón de esta zona vinícola, en paralelo al río que le da nombre, por llanuras y pequeñas colinas cubiertas de vides de Tempranillo, Cabernet, Merlot, Garnacha o Albillo y zonas de pinos, donde hay conejos, perdices y algún venado. Aquí el turismo enológico combina monasterios con placer en los hoteles Castilla Termal Monasterio de Valbuena (Valbuena del Duero) o Abadía Retuerta LeDomaine (Sardón del Duero).

Serpenteando por Tramuntana
En la isla de Mallorca (Baleares) hay una carretera, la MA-2141, de unos 14 km, que atrae a aficionados al automóvil, la moto y la bicicleta de todo el mundo. Se llama Sa Calobra (La Culebra en mallorquín), que permiten salvar los 800 metros de altura entre la sierra y el mar. Es una de las carreteras más bellas, espectaculares, peligrosas y exigentes de España y del mundo. Está llena de curvas cerradas y enlazadas, sobre precipicios cortados a pico, con una calzada estrecha sin línea central, pocos ‘quitamiedos’ y mucho tráfico. Una experiencia estimulante para cualquier conductor.

