En un entorno cada vez más competitivo y acelerado, ¿cómo podemos practicar la bondad sin sentir que estamos en desventaja?
La bondad nunca ha sido una desventaja, todo lo contrario. A todos nos gustan las personas buenas, las que ayudan a los demás, las que son generosas, amables, alegres, las que quieren hacer las cosas bien. Oscar Wilde decía que hay personas que te hacen sentir bien cuando llegan; otras, cuando se van. Sin duda nos gustan las primeras. La bondad no es un concepto tonto, para nada, es un concepto muy noble. No hay nada más grande en la vida que aspirar a ser buena persona, ni nada más gratificante. No se puede ser buen líder, buen profesional, buena madre ni buen nada si eres mala persona. Aquella frase que dice que “es una persona tan buena que es tonta” es una frase perversa, lamentable, y así va el mundo. Necesitamos personas que pongan sus capacidades y su inteligencia al servicio del bien. Esta es una sociedad enferma porque felicitamos a las personas por su coche, su cargo o su reloj; deberíamos felicitarlas por su bondad, su amabilidad y su compasión. Necesitamos reivindicar valores como la bondad, la compasión, la amabilidad, la solidaridad y la generosidad. En una sociedad cada vez más hostil, agresiva, individualista y materialista, la bondad es revolucionaria.
Sueles hablar del “valor de la actitud”: ¿qué papel juega la amabilidad diaria —en pequeños gestos— en la construcción de una vida plena y con sentido?
Los expertos demuestran que cuando eres amable, el cuerpo segrega una hormona que se llama oxitocina, y esa hormona es la responsable de que sintamos esa sensación de bienestar, de satisfacción plena. Pero no hace falta que lo demuestren los expertos porque todos hemos experimentado lo bien que sienta ser amable. Aristóteles ya lo decía: “La felicidad está en hacer el bien”. Todos podemos comprobarlo cada día; tenemos 347 oportunidades. Ser amable es saludar en el ascensor, ayudar a una persona mayor con su maleta, elogiar a un compañero, decir “te quiero”, esperar al vecino en lugar de cerrar rápido las puertas del ascensor, dejar pasar en un atasco, es decir “gracias” o “por favor”, dos palabras que vamos a eliminar del diccionario por falta de uso. Son cosas que nos hacen sentir bien porque son coherentes con nuestra esencia como personas y, cuando uno es coherente con su esencia, entonces experimenta una alegría profunda. ¿Quieres sentirte bien 5 minutos? Tómate una cerveza. O dos. ¿Quieres sentirte bien 5 días? Cómprate una camiseta nueva. ¿Cinco meses? Un coche. Es lo que dura la ilusión. ¿Quieres sentirte bien toda la vida? Intenta ser buena persona, ayudar a los demás y hacer su vida más agradable. Es una sociedad de tarados esta en la que te sientas en el transporte público a 2 cm de otra persona y ni siquiera decimos “buenos días”.

Portada del libro Bondad, compasión y amabilidad para vivir con alegría
¿Cómo podemos desarrollar la compasión sin caer en el agotamiento emocional o el desgaste por los problemas de los demás?
La compasión no es llorar o sufrir por alguien; eso es una parte muy pequeña de la compasión. Es un concepto mucho más amplio; es ponerte en el lugar de los demás y querer que estén bien, querer ayudarles. La compasión es mirar con el corazón; es un sentimiento espontáneo de querer el bien para los demás, sean conocidos o desconocidos, que surge de un impulso de nuestra humanidad más profunda. Es un concepto sencillo y muy práctico: es lavar los platos cuando no te toca para hacer un favor a tu pareja, es ceder un sitio en el autobús, es ayudar a cruzar a una señora mayor, es preguntar a alguien que lo está pasando mal cómo está. Puede desgastar, pero a cambio permite experimentar una satisfacción muy profunda y hacer una sociedad más humana y menos egoísta. Como todos vamos con prisa, estresados, corriendo, el resto se ha vuelto invisible. No es que seamos malas personas, es que no vemos a los demás porque estamos muy ocupados con nuestras cosas. De vez en cuando es bueno hacerse esta pregunta: ¿qué estoy haciendo por los demás?
¿Crees que la bondad es una habilidad que se entrena o un rasgo más ligado a la personalidad? ¿Qué hábitos concretos recomendarías para cultivarla?
Mi opinión es poco importante. Los expertos dicen que en nuestra manera de ser hay tres variables: la genética, las circunstancias que vivimos y hemos vivido y lo que nosotros hacemos. Las dos primeras no dependen de nosotros; la tercera sí. La bondad, como el resto de actitudes, claro que puede trabajarse. Es solo práctica. Es terrible aquella frase que dice “yo soy así”; es de mediocre.
Deberíamos contestarle que los demás no tenemos la culpa de que sea así; todos podemos mejorar si queremos y nos esforzamos un poco.
En momentos de frustración o conflicto, ¿qué estrategias prácticas podemos aplicar para responder desde la amabilidad en lugar de reaccionar impulsivamente?
Hay una frase que aprendí hace mucho tiempo: “Si no vas a decir nada bueno, cállate”. A mí me ha ayudado mucho. Pero si no te controlas, va muy bien pedir perdón y luego reflexionar, visualizar lo que has hecho o dicho y lo mal que has hecho sentir a otras personas. Este ejercicio ayuda mucho a evitar ser impulsivo en futuras ocasiones.

Victor Küppers