La Junta General de Accionistas de Enagás ha ratificado la continuidad de su cúpula directiva, con la reelección de Arturo Gonzalo Aizpiri como consejero delegado y de Antonio Llardén como presidente, ambos por un periodo estatutario de cuatro años.
Gonzalo, que asumió el cargo en 2022, afronta su segundo mandato, mientras que Llardén mantiene su posición de presidente no ejecutivo desde 2007.
Además de los dos líderes principales, los accionistas han respaldado la incorporación y continuidad de otros miembros del consejo, incluyendo a Ana Palacio, María Teresa Costa, Clara Belén García Fernández-Muro, Manuel Gabriel González Ramos y Vicente Pedret Clemente, todos ellos con carácter independiente o externo según corresponda.
Durante su intervención, Arturo Gonzalo subrayó la importancia del hidrógeno verde en el contexto actual, marcado por la incertidumbre geopolítica y el conflicto en el Golfo Pérsico.
El plan de Enagás
El directivo afirmó que la estrategia de 2022 para impulsar la descarbonización y las moléculas renovables ha cobrado aún mayor relevancia: “Desde entonces hemos avanzado a velocidad de crucero en los tres grandes ejes de este plan: seguridad de suministro, eficiencia y desarrollo de las infraestructuras de hidrógeno”.
Gonzalo anunció que en el próximo trimestre se lanzarán consultas al mercado (‘call for interest’) para actualizar información clave en el diseño de infraestructuras de hidrógeno y CO2, destacando proyectos como el electrolizador de 100 MW de Repsol-Petronor en Bilbao y la primera fase del Valle Andaluz del hidrógeno verde de Moeve, valorada en 1.000 millones de euros.
“España va a producir el hidrógeno verde más competitivo de Europa para convertirse en una potencia mundial en moléculas renovables”, señaló.
Por su parte, Antonio Llardén resaltó la “fortaleza y resiliencia” del sistema gasista español, destacando su papel estratégico en la seguridad energética frente a la crisis del estrecho de Ormuz y durante el apagón eléctrico peninsular de abril de 2025.
Según el presidente, la solidez de las infraestructuras gasistas españolas proporciona un activo clave para la estabilidad energética europea.

Arturo Gonzalo Aizpiri