José Sevilla dejará la presidencia de Unicaja después de más de dos años al frente de la entidad. El banquero ha comunicado al consejo de administración su intención de abandonar el cargo después de la próxima junta general de accionistas, prevista para la primavera de 2027, poniendo fin a una etapa marcada por la estabilización del gobierno corporativo y la recuperación del negocio.
La salida no será inmediata. Sevilla continuará al frente de la entidad hasta que los accionistas voten a su sustituto, previsiblemente en abril del próximo año. Unicaja ha confirmado la decisión mediante un hecho relevante remitido a la CNMV.
Sevilla llegó a la presidencia a comienzos de 2024, en sustitución de Manuel Azuaga, con un cometido especialmente relevante: cerrar las tensiones internas surgidas tras la fusión con Liberbank en 2021. La integración había provocado un enfrentamiento por el reparto del poder y terminó con una profunda renovación del consejo y el nombramiento de Isidro Rubiales como consejero delegado.
Una etapa de estabilización
El perfil de Sevilla resultó clave para asumir una presidencia de carácter no ejecutivo, centrada en el gobierno corporativo y en la coordinación del consejo. Su experiencia previa como consejero delegado de Bankia, durante la etapa posterior al rescate público y antes de la integración con CaixaBank, le situaba como una figura con experiencia en procesos de transformación bancaria.
Durante su mandato, Unicaja ha acompañado la normalización de su gobierno corporativo con una mejora de sus principales indicadores financieros. En el primer semestre de 2026, el banco obtuvo un beneficio de 361 millones de euros, un 7,1% más que un año antes, mientras que el dividendo aumentó un 28%.
La evolución bursátil también ha sido significativa: la cotización de Unicaja se ha multiplicado por cuatro desde el nombramiento de Sevilla.
Un plan para ganar tamaño y rentabilidad
Uno de los principales hitos de su presidencia fue la presentación, junto a Rubiales, del plan estratégico 2025-2027. La hoja de ruta estableció como objetivos alcanzar un beneficio de 1.600 millones de euros en tres años y superar una rentabilidad sobre recursos propios del 10%.
El plan contempla una transformación del negocio de banca minorista, el crecimiento en banca de empresas y un incremento de la inversión tecnológica.
La política de remuneración al accionista constituye otro de sus pilares. Unicaja planteó elevar el pay out hasta el 60% y añadir, a partir de 2026, otro 25% del capital generado durante el periodo del plan, con una distribución potencial equivalente al 85% del beneficio.
La entidad también se fijó como objetivo mantener una ratio CET1 fully loaded superior al 14%, por encima del umbral interno del 12,5%.
Santalucía refuerza el accionariado
Sevilla también ha participado en el proceso de consolidación del núcleo accionarial de Unicaja. La Fundación Unicaja mantiene una participación del 30%, mientras que Santalucía se ha incorporado como segundo accionista con el 10%, en paralelo a su relación con la entidad en el negocio de banca-seguros.
Las fundaciones procedentes de Liberbank controlan conjuntamente alrededor del 6%, mientras que la familia Mayoral y el empresario Tomás Olivo cuentan con participaciones próximas al 5% cada uno.
El relevo abre una nueva etapa
La junta de accionistas de la primavera de 2027 tendrá que resolver varios cambios en el órgano de gobierno. Además de elegir al nuevo presidente, los accionistas deberán pronunciarse sobre la continuidad de Isidro Rubiales como consejero delegado, cuyo mandato expira el próximo mes.
También están pendientes de renovación varios consejeros independientes y representantes del accionariado institucional.
El relevo de Sevilla deja, además, sobre la mesa una de las grandes incógnitas estratégicas de Unicaja: su capacidad para continuar en solitario en un sector bancario sometido a una creciente concentración.
Durante los últimos años, la posibilidad de una operación con Banco Sabadell ha aparecido en varias ocasiones. La primera coincidió con la llegada de Sevilla a la presidencia y, posteriormente, volvió a cobrar fuerza durante el proceso de la opa de BBVA sobre la entidad catalana.
El futuro de Unicaja quedará, por tanto, en manos de una nueva presidencia en un momento en el que el banco ha cerrado una etapa de estabilización, pero mantiene abierta la cuestión de qué papel quiere desempeñar en la próxima fase de consolidación bancaria en España.
















