La fatiga de emprender

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Desde que el mundo es mundo, la industria del entretenimiento siempre ha mostrado una atención especial por las vicisitudes y las historias de directivos y emprendedores.

No es casual que hoy las plataformas estén repletas de títulos sobre cómo se construyeron las fortunas de marcas y empresas célebres. Ferrari, Guinness, Lamborghini, Apple, Adidas, Puma, Facebook, McDonald’s, etc., por citar solo algunas.

Historias —como es natural y como señalan siempre los créditos iniciales y finales de los autores— libremente adaptadas por obvias exigencias de espacio y tiempo. Historias que, cada vez, solo cuentan parcialmente la fatiga –porque de fatiga se trata– de crear y gestionar una empresa, con la carga perenne de procurar los recursos para cuadrar las cuentas y la responsabilidad ligada al hecho de que al futuro de la compañía está estrechamente unido el de las familias de los trabajadores, directos e indirectos.

Desafortunadamente, cierto enfoque hollywoodense ha tendido a narrar estas adversidades con un aliento épico, casi heroico, sin lograr retratar ni reproducir en pantalla la alternancia cotidiana de pequeñas derrotas, pasos atrás y el ejercicio obstinado de la confianza en una idea o un proyecto siempre en equilibrio inestable.

Continua sucesión de problemas

En cambio, la vida diaria de un directivo o de un emprendedor está marcada por una continua sucesión de problemas concretos que resolver, de cuestiones menudas, a menudo invisibles para la mayoría.

El flujo de caja que se reduce, los proveedores que exigen pagos por adelantado, la burocracia que aprieta, los clientes que retrasan los saldos: todos elementos que imponen decisiones rápidas, a veces dolorosas, para mantener el equilibrio.

He aquí que, por una vez, me gustaría ver en la pantalla la historia de una empresa anónima, una película o una serie capaz de narrar, sin tonos míticos o triunfales, el ejercicio de resiliencia, de adaptación y, a menudo, de sacrificio personal al que se enfrentan ciertos (no todos, por supuesto…) directivos y emprendedores.

Lamentablemente, emprender no es una película: falta un guion capaz de mostrar no solo el ascenso de los protagonistas, sino también los compromisos, las noches en vela, los miedos y la vulnerabilidad que conlleva gestionar una empresa.

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