El lujo residencial ya no se mide únicamente en metros cuadrados, ubicación o materiales, sino en la calidad de vida que es capaz de ofrecer un espacio. Esa es la visión de Christina Seilern, fundadora y directora de Studio Seilern Architects, que defiende una arquitectura más inteligente, sostenible y conectada con el lugar en el que se construye. En Castellana 198, el nuevo proyecto residencial de DRAGO en Madrid, ha buscado precisamente esa combinación: reinterpretar elementos de la arquitectura española desde una mirada contemporánea, aprovechar al máximo una estructura existente y crear espacios capaces de generar una experiencia que vaya más allá del lujo entendido como ostentación.
Castellana 198 llega en un momento de fuerte transformación del mercado residencial de lujo en Madrid. ¿Qué oportunidad vio en este proyecto cuando DRAGO le propuso participar?
Creo que ha habido un cambio enorme en la arquitectura residencial y tiene mucho que ver con una nueva forma de entender la calidad de vida. Hoy tienes que ofrecer a las personas espacios realmente agradables, con servicios, lugares donde poder ir, relajarse, trabajar o relacionarse. En Castellana 198 tenemos, por ejemplo, piscinas exteriores y espacios sociales que permiten trabajar o encontrarse con otras personas. Se trata de incorporar esa calidad de vida al propio proyecto. Antes, muchos desarrollos estaban mucho más centrados en maximizar el rendimiento y la superficie. Eso ya no funciona de la misma manera. Para alcanzar determinados niveles de valor, tienes que ofrecer algo más.
Para mí, la oportunidad de este proyecto de DRAGO estaba precisamente ahí: en desarrollar el carácter del edificio, trabajar la materialidad y la experiencia humana. No se trata simplemente de construir un edificio con un determinado número de metros cuadrados.

¿Qué quería conseguir arquitectónicamente con Castellana 198 que no fuera simplemente construir otro residencial de lujo en el eje de la Castellana?
El proyecto original del hotel tenía una forma que rompía bastante con su contexto. Era un objeto que, de alguna manera, podría haberse diseñado para cualquier lugar. Tenía una fachada metálica brillante y no establecía una relación especialmente fuerte con Madrid. Lo que yo quería era crear algo que perteneciera realmente al Paseo de la Castellana. Estamos hablando de una de las calles más importantes de Madrid y no puedes ignorar ese contexto. Sería como construir en el Gran Canal de Venecia sin prestar atención al lugar en el que estás.
Por eso, en este proyecto de DRAGO, queríamos ser respetuosos con el entorno y, al mismo tiempo, crear un edificio con carácter, presencia y personalidad. No necesitas gritar para tener presencia, sino que puedes ser elegante. Se trataba de encontrar ese equilibrio, es decir, crear algo contemporáneo, pero que encajara en Madrid y que fuera singularmente español. Por eso investigamos los materiales y elementos que históricamente se han utilizado aquí y cómo podíamos reinterpretarlos de una manera contemporánea.
Madrid está atrayendo cada vez más inversión internacional y compradores de alto patrimonio. ¿Cómo está cambiando esta demanda la forma de diseñar la vivienda de lujo?
Creo que hoy existe una exigencia mucho mayor de inteligencia y eficiencia en el diseño. En Castellana 198, además, trabajábamos con las limitaciones de una estructura existente. Por ejemplo, la altura libre estaba condicionada, por lo que tuvimos que pensar cuidadosamente cómo organizar los sistemas mecánicos y las zonas húmedas para concentrarlos y liberar al máximo el resto de los espacios. La eficiencia no significa reducir la calidad del espacio. Al contrario, incluso cuando un apartamento no es especialmente grande, quieres que la sensación sea amplia, abierta y fluida. Buscas espacios generosos visualmente, evitando una excesiva compartimentación.

El lujo inmobiliario está evolucionando: ya no se trata únicamente de metros cuadrados, ubicación o materiales. A su entender, ¿qué busca hoy un comprador de alto nivel en una vivienda?
Busca calidad de vida, pero también inteligencia en la distribución y en la forma en la que funciona la vivienda. Ya no basta con acumular metros cuadrados o materiales costosos. Es importante cómo se experimentan los espacios, cómo se relacionan entre sí y cómo funcionan en el día a día. Se trata de conseguir viviendas fluidas, cómodas y eficientes, pero que al mismo tiempo transmitan amplitud y una verdadera sensación de calidad.
¿Está el sector residencial de lujo preparado para incorporar criterios de sostenibilidad sin que estos entren en conflicto con las expectativas de exclusividad y confort?
No veo por qué una cosa debería entrar en conflicto con la otra. Es como decir que una persona no puede ser atractiva e inteligente al mismo tiempo. Puedes tener buen diseño, lujo y sostenibilidad. Para mí, la sostenibilidad debería entenderse casi como la estructura de un edificio: simplemente tiene que estar ahí y tiene que estar bien resuelta. No podemos seguir desperdiciando energía o materiales. ¿Por qué lo haríamos? Puede que algunas decisiones impliquen algo más de inversión inicialmente, pero si consigues reducir el consumo energético, utilizar mejor los materiales y mejorar la calidad de vida, tiene todo el sentido.
Y la sostenibilidad no consiste únicamente en consumir menos energía. También tiene que ver con una mejor calidad de vida. Por ejemplo, facilitar que las personas puedan utilizar la bicicleta o incorporar soluciones que permitan vivir de una forma más saludable. No ser sostenible ya no puede considerarse lujo. Creo que la sostenibilidad forma parte del lujo residencial contemporáneo.

La arquitectura contemporánea está cada vez más condicionada por cuestiones como el cambio climático, la densificación urbana y la escasez de suelo. ¿Cómo deberían cambiar nuestras ciudades ante estos desafíos?
Todas estas cuestiones son realidades. Cada vez hay más personas viviendo en ciudades y seguimos experimentando un importante crecimiento de la población urbana. El cambio climático nos obliga a ser mucho más responsables y también a cambiar nuestra manera de entender el tejido urbano. No podemos verlo como algo desechable, sino como algo que puede reutilizarse, transformarse y adaptarse. Hubo lugares donde durante mucho tiempo era habitual demoler y reconstruir continuamente. Creo que eso ya no es posible. Existe una responsabilidad cívica de observar lo que ya tenemos y encontrar maneras de renovarlo y prolongar su vida.
En cuanto a la densificación, creo que puede ser algo positivo. La expansión urbana genera problemas importantes relacionados con las infraestructuras, el transporte y los desplazamientos diarios. La gente quiere vivir en las ciudades y no podemos pretender simplemente enviarla de nuevo fuera de ellas. Por eso tenemos que encontrar formas inteligentes de aumentar la densidad y hacer que nuestras ciudades funcionen mejor.
¿Qué papel juega la tecnología —incluida la inteligencia artificial— en su proceso creativo y de diseño? ¿Hay aspectos de la arquitectura que considera que nunca deberían automatizarse?
No utilizamos demasiado la inteligencia artificial para diseñar. La utilizamos fundamentalmente como una herramienta. Evidentemente, tecnologías como BIM llevan tiempo formando parte del trabajo cotidiano de cualquier estudio de arquitectura. Y ahora utilizamos también herramientas de inteligencia artificial, por ejemplo, para generar vídeos o imágenes. Tenemos incluso un equipo que trabaja específicamente en ello. Para mí es una herramienta más. Es parecido a estar hablando con un equipo y decir: “Investiguemos esto”, “probemos aquello” o “busquemos esta información”. La utilizo mucho para investigación. Esta misma mañana, por ejemplo, podía decirle a mi teléfono lo que quería explicar y pedirle que me ayudara a expresarlo en español en cuestión de segundos.
De repente tienes acceso a una enorme cantidad de conocimiento y puedes hacer preguntas sobre prácticamente cualquier disciplina. Eso cambia nuestra forma de trabajar.Pero no sustituye al diseño. He hecho pruebas introduciendo proyectos en diferentes plataformas de inteligencia artificial y los resultados pueden parecer extremadamente profesionales: dibujos, plantas, secciones… Visualmente son convincentes. Pero cuando los analizas detenidamente, muchas cosas están mal y no funcionan. Por el momento, la inteligencia artificial es una herramienta que nos ayuda, pero no sustituye el criterio ni el proceso creativo del arquitecto.
Si tuviera que resumir en una idea qué aporta Castellana 198 a Madrid, ¿cuál sería?
Creo que Castellana 198 aporta una mirada fresca a la arquitectura residencial. Uno de los problemas que vemos actualmente es que mucha arquitectura se está repitiendo en diferentes ciudades y podría estar prácticamente en cualquier parte del mundo. Este proyecto de DRAGO, en cambio, no tendría sentido en Londres. Es un proyecto profundamente arraigado en la cultura española y en Madrid. Para mí es un desarrollo residencial singularmente español, pero reinterpretado desde una mirada contemporánea. No creo que haya otro edificio exactamente igual cuando miras a tu alrededor, y al mismo tiempo está firmemente conectado con la cultura local.

Después de haber desarrollado proyectos en diferentes partes del mundo, ¿qué le sigue sorprendiendo de la arquitectura y qué cree que todavía le queda por aprender?
Estoy constantemente aprendiendo. Cada proyecto te lleva hacia algo nuevo. En algunos lugares aprendes cómo trabajar con el hormigón; en otros, cómo conseguir determinados materiales o cómo enfrentarte a técnicas constructivas diferentes. Cada proyecto también te enseña a trabajar con personas de contextos distintos. Siempre aprendes algo nuevo y siempre hay algo que consigue sorprenderte. Durante el proceso de diseño existe cierto nivel de ansiedad porque sabes todo el trabajo y las dificultades que hay detrás. Pero después, cuando ves construido algo que has diseñado y realmente funciona, puede llegar a emocionarte.
Eso es lo que sigo buscando. Quiero que la arquitectura sea capaz de provocar una emoción. Cuando visitas ciudades como Venecia o Florencia, hay edificios y espacios que pueden dejarte sin aliento.Creo que parte de esa emoción se ha perdido en cierta arquitectura contemporánea, que a veces se ha vuelto demasiado seca o demasiado técnica. Eso es lo que me sigue interesando: crear una arquitectura que pueda ser fuerte y segura, pero al mismo tiempo delicada, y que sea capaz de emocionar.

















