La electrificación se ha convertido en una de las grandes palancas de transformación de la economía española, pero también en uno de sus principales desafíos. El crecimiento de la industria, los centros de datos, la movilidad eléctrica y la digitalización está elevando la demanda de energía y poniendo a prueba unas redes que, según Luis Lópezbarrena, presidente de la Asociación de Fabricantes de Material Eléctrico (AFME), necesitan inversiones y cambios regulatorios para acompañar el ritmo de crecimiento. En esta entrevista, aborda los retos de la red eléctrica, la competitividad industrial y las oportunidades que abre la nueva economía electrificada.
Las ventas del sector de material eléctrico crecieron un 5,95% en el primer semestre. ¿Qué hay detrás de este crecimiento y hasta qué punto es sostenible?
Este crecimiento refleja la importancia de nuestro sector en un mundo que, inevitablemente, apuesta por una mayor electrificación. La necesidad de poder dar energía de manera más sostenible y eficiente a un país que crece y que además apuesta por la reducción de fuentes de energía contaminantes nos hace ser protagonistas silenciosos de un cambio estructural.
España quiere electrificar industria, transporte, edificios y digitalización. ¿Tenemos red suficiente para hacerlo?
El país está creciendo, no sólo porque su economía crece, sino porque crece en habitantes también.
Ese crecimiento de los últimos años y la apuesta por una mayor electrificación han sobrepasado las previsiones y a ciertos planes que estaban más basados en escenarios superados, especialmente tras los años de la crisis económica. Actualmente, necesitamos cambios en la red con urgencia y aún más en el futuro para una mayor electrificación de la industria, transporte, edificios y digitalización, los cuales nos convertirán en un país más atractivo para la inversión.
Tenemos vectores de crecimiento como el ya mencionado de la población, además de otros como el turismo -donde somos una verdadera potencia mundial- y aparecen otros como los centros de datos, que encuentran en nuestro país condiciones muy adecuadas para su asentamiento.
Precisamente, estos serán algunos de los grandes retos que abordaremos en el próximo encuentro sectorial de AFME, que celebraremos el 28 de octubre en el Auditorio Rafael del Pino, y en el que queremos poner en valor el papel de los fabricantes de material eléctrico como actores clave de esta electrificación.
El Gobierno acaba de plantear una vía preferente para aprobar inversiones estratégicas, precisamente porque la conexión a la red se ha convertido en un cuello de botella. ¿Hasta qué punto está frenando la red el desarrollo industrial de España?
La inversión en la red es necesaria y urgente, pero también la adaptación de ciertas reglamentaciones para que faciliten la conexión en zonas donde sería técnicamente posible, pero razones puramente administrativas lo impiden. Me consta que se es consciente de ello y ya se han dado algunos pasos en este sentido, pero los tiempos son largos respecto a las necesidades actuales de las industrias.
España quiere convertirse en un gran polo de centros de datos. ¿Tenemos capacidad eléctrica para hacerlo sin desplazar a la industria tradicional?
La industria tradicional tiene necesidades urgentes de acceso a la energía y a un precio competitivo que deben solucionarse para no seguir ahogando su competitividad, pero ello no significa dejar de aprovechar la oportunidad que nos ofrece la implantación de los centros de datos. Las oportunidades no siempre vienen cuando las buscas, o cuando crees que estás preparado para ello. Sin embargo, hay que aprovecharlas y no dejarlas pasar. Lo importante es ponerse a trabajar para que las limitaciones las superes y no se te escape el momento.
¿Tiene sentido priorizar la conexión de centros de datos frente a nuevos proyectos industriales?
Como en todo, habría que ver qué proyectos se escaparían y por qué. Sin embargo, como apuntaba antes, hay que intentar reaccionar para conseguir que, invirtiendo, podamos asumir más proyectos de los que ahora creeríamos posibles.
La industria en general es importantísima para España, pero también los centros de datos lo son, por su efecto arrastre en otro tipo de actividades ligadas con la tecnología que no conviene despreciar. Hay que estudiar cada caso y actuar en consecuencia, pero sobre todo hay que luchar por renunciar a los mínimos proyectos posibles. ¡Lo importante es ponerse en marcha!
¿Puede la inteligencia artificial convertirse en uno de los grandes motores de la electrificación española o existe el riesgo de que genere un cuello de botella energético?
La IA es una ayuda para todos los sectores, y su uso será imprescindible para ser competitivos y tener un país avanzado. La usaremos estén los centros de datos donde estén, en España o en el extranjero. Si la infraestructura está aquí, nos obliga a dotarnos de medios para implantarla y mantenerla, pero también nos aporta otro tipo de conocimiento y favorece al sector tecnológico de nuestro país. Es importante estar en los sectores nuevos, porque es donde, de forma más probable, se consiguen las oportunidades de futuro.
Después del apagón de abril de 2025, ¿qué lecciones debería haber aprendido España sobre la fortaleza de sus redes eléctricas?
Quizá lo primero es que hay que tener más en cuenta los aspectos técnicos; la voluntad no lo es todo. El cambio de concepción de las redes por la implantación cada día mayor de las renovables requiere respetar esos aspectos técnicos y hacer las inversiones adecuadas para que el sistema funcione adecuadamente.
Por otro lado, son necesarias todas las formas de generación de energía; cada una de ellas te aporta una cualidad y una forma de funcionar que complementa a la otra. Se puede cambiar el mix, pero la existencia de diversas fuentes de generación te aporta resiliencia y seguridad.
¿Está Europa perdiendo competitividad industrial frente a China en el material eléctrico?
En el caso del material eléctrico, la industria europea es muy potente, lleva casi 150 años de constante evolución y se mantiene en buena forma sobre todo en los ámbitos de productos más sofisticados. Los cambios tecnológicos se van incorporando y la oferta es de primer nivel en todos los aspectos, por lo que compite bien. Pero, sobre todo, si queremos una Europa resiliente y con verdadera autonomía estratégica, debemos apostar por nuestra industria, ya que la actual situación geopolítica nos enseña los riesgos de la dependencia en ámbitos clave de nuestras vidas.
¿Qué debería hacer España para conservar capacidad industrial propia en un sector estratégico como el eléctrico?
En España necesitamos ser conscientes muchas veces de que tenemos una industria de alto nivel y sentirnos orgullosos de ello. Es algo que nos falta como país; no siempre acabamos de creer en nuestras propias empresas. Si supiésemos la cantidad de empresas españolas que son consideradas excelentes y están entre los líderes en otros países, nos sorprendería.
Debemos mostrar las buenas empresas al público y no demonizar a la industria, que es uno de los activos más importantes que tenemos, sobre todo para generar riqueza y proveer empleo de calidad.
Si pudiera cambiar tres cosas mañana mismo de la política energética española, ¿cuáles cambiaría?
Sólo cambiaría una: tratemos a la política energética como una política de base y con necesidad de visión a largo plazo. No la pongamos en la disputa política.
Y una última: ¿cuál es hoy el mayor riesgo para la industria eléctrica española que todavía no estamos viendo?
El mayor riesgo sería perderla por no exigir a todos los fabricantes que acceden al mercado desde otros países los mismos estándares de calidad y cumplimiento de las normas técnicas. La generación y gestión de la electricidad requiere capacitación técnica, rigurosidad en la fabricación, eficacia y conocimiento en la instalación, y exigencia en la verificación de la instalación hecha.
El mundo es eléctrico y lo será todavía más. Si apreciamos nuestra industria y valoramos nuestras capacidades, aseguraremos nuestra independencia en un suministro crítico. Y precisamente esa es una de las conversaciones que queremos impulsar desde AFME: reivindicar que los fabricantes de material eléctrico somos industria y que, además, somos quienes hacemos posible la electrificación, aportando las soluciones técnicas necesarias para avanzar en ámbitos como las redes, el almacenamiento, las renovables, los centros de datos o el vehículo eléctrico.

















