Miriam González Durántez (España Mejor): Barreras silenciosas

Miriam González Durántez, fundadora de la plataforma España Mejor

El liderazgo femenino en España avanza sobre una base social sólida e irreversible, pero todavía incompleta. Así lo defiende Miriam González Durántez, fundadora de la plataforma España Mejor, que interpreta el caso español como el resultado de una transformación acelerada en pocas décadas. Sin embargo, advierte de que el gran desafío ya no está en el acceso de las mujeres al trabajo o la educación, sino en el ámbito privado y en la desigual distribución de los cuidados, una barrera silenciosa que sigue limitando su pleno desarrollo profesional.

Usted ha trabajado en entornos internacionales. ¿Qué diferencia a España de otros países europeos en el debate del liderazgo femenino?

En algunos países que consiguieron avanzar muy pronto hacia la igualdad, se observa hoy una especie de reacción de vuelta a modelos más tradicionales. En España, sin embargo, el acceso masivo de las mujeres al mercado laboral es un fenómeno relativamente reciente y que está todavía muy presente en nuestra memoria colectiva. Eso hace que exista una conciencia social muy fuerte sobre el valor de esos avances y por eso no estamos dispuestas a dar marcha atrás ni siquiera un paso.

Además, España ha pasado de ser una sociedad muy tradicional a ocupar posiciones de liderazgo en múltiples indicadores relacionados con la participación de las mujeres. Aún queda mucho camino por recorrer, pero existe una base sólida de compromiso social.

España sigue liderando Europa, pero los últimos estudios muestran una desaceleración. ¿Estamos entrando en una fase de estancamiento?

Veo desaceleración por parte de Estados Unidos, pero no necesariamente a nivel global. Y allí, más que ‘desaceleración’, hay un movimiento frontalmente contrario a la diversidad, llevado de la mano por los partidarios de Trump. Ahora bien, el liderazgo de las mujeres es ya un movimiento imparable que va mucho más allá de las decisiones de un gobierno o de una coyuntura política concreta. Cuando se pasa un determinado punto, es difícil volver atrás. Además, las empresas han comprobado que la diversidad no es solo una cuestión de justicia, sino también de competitividad, de innovación y de búsqueda y retención de talento.

Miriam González Durántez, fundadora de la plataforma España Mejor
Miriam González Durántez, fundadora de la plataforma España Mejor

¿Por qué el avance sigue siendo tan frágil?

Se ha conseguido la igualdad ante la ley y se ha avanzado muchísimo en la igualdad en el trabajo (aunque en este ámbito aún quedan sesgos que hay que atajar), pero lo que todavía falta es lograr la libertad individual en el ámbito privado. La igualdad formal es imprescindible, pero no suficiente. En todos los países, de Noruega a Guatemala, las mujeres dedican bastante más tiempo que los hombres al cuidado de los hijos y sobre todo a las casas o a la gestión de las casas, y eso tiene un efecto sobre todo lo demás. Hasta que no atajemos eso —no solo con cambios culturales, sino con políticas públicas— no habrá igualdad real porque eso condiciona nuestra disponibilidad, oportunidades profesionales y, en muchos casos, las posibilidades de acceder a puestos de liderazgo.

¿Qué señales le hacen pensar que esta tendencia pueda revertirse antes de 2027?

Ninguna. Los cambios culturales llevan tiempo y a nivel político ni siquiera hay una discusión sobre ello. Debemos ser realistas: tenemos los políticos que tenemos, y es difícil que partidos que no hacen estrategia de país ni tienen visión a largo plazo vayan a plantear medidas serias de conciliación más allá del ruido performativo; y a nivel social, los cambios requieren tiempo y perseverancia. Lo que sí veo es una mayor conciencia entre las generaciones más jóvenes.

¿Cuál es la conversación incómoda sobre igualdad que todavía no estamos teniendo?

Precisamente, la igualdad en las casas. Muchas mujeres esconden que no tienen esa igualdad porque es un tabú para las mujeres aceptar que contratan ayuda y, cuando lo hacen, se les trata de ‘malas mujeres’, ‘malas madres’ o ‘privilegiadas’. Durante mucho tiempo hemos centrado el debate en los espacios públicos –empresas, instituciones, política, etc.– porque es lo más visible y fácil de medir. Sin embargo, la verdadera prueba de la igualdad se produce en el ámbito privado.

Creó España Mejor con la idea de fomentar acuerdos a largo plazo en temas clave. ¿Qué le hizo pensar que hacía falta una plataforma así?

En un momento en el que, tras cuatro décadas de abusos políticos constantes, la sociedad se está desentendiendo de la política y hay una polarización que paraliza el país, es importante encontrar espacios donde ciudadanos con experiencia, visión, ideas y ganas de colaborar puedan contribuir a mejorar las políticas públicas del país. España necesita recuperar la cultura del acuerdo. Los grandes desafíos que tenemos por delante —la educación, la productividad, la asequibilidad, la transición tecnológica, el envejecimiento o la sostenibilidad de los servicios públicos— no pueden resolverse en una sola legislatura ni desde una única ideología. Requieren diálogo, ideas y foros donde se pueda escuchar a quienes piensan de forma distinta. España Mejor nació precisamente con esa vocación: demostrar que es posible construir consensos en torno a objetivos compartidos.

¿Qué papel deberían jugar las empresas en la construcción de una “España mejor”?

Un papel fundamental. Son quienes generan empleo, inversión, innovación y oportunidades, y quienes, en gran medida, hacen posible la prosperidad de un país. Cuando hablamos de construir una España mejor, solemos pensar inmediatamente en los gobiernos, pero la realidad es que necesitamos también un tejido empresarial fuerte, comprometido y con visión de largo plazo. En España necesitamos una relación mucho más madura entre el sector público y el privado. Los desafíos que tenemos solo podrán resolverse mediante una colaboración estrecha entre ambos.

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