Alan Greenspan, el arquitecto de la política monetaria moderna que marcó a Wall Street durante dos décadas, ha fallecido a los 100 años.
El economista que dirigió la Reserva Federal de Estados Unidos entre 1987 y 2006 deja tras de sí una huella profunda en los mercados financieros globales, donde durante años sus decisiones y declaraciones fueron seguidas con atención casi reverencial por inversores, gobiernos y bancos centrales.
¿Quién fue Alan Greenspan?
Nacido en Nueva York en 1926, Greenspan estuvo cerca de dedicar su vida a la música. Tocó el clarinete y el saxofón e incluso compartió escenario con el legendario Stan Getz.
Sin embargo, su interés por la economía terminó imponiéndose y lo llevó a construir una carrera que acabaría situándolo al frente del banco central más influyente del mundo.
Su llegada a la Reserva Federal en agosto de 1987 marcó el inicio de una etapa decisiva para la economía estadounidense.
El aporte en la FED
Apenas semanas después de asumir el cargo tuvo que enfrentarse al denominado Lunes Negro, cuando Wall Street perdió cerca de una cuarta parte de su valor en una sola jornada.
La respuesta de Greenspan, basada en la provisión de liquidez y la reducción de tipos de interés, contribuyó a estabilizar los mercados y consolidó su reputación.
Durante sus 18 años y medio al frente de la institución, Estados Unidos vivió un largo periodo de expansión económica conocido como la Gran Moderación.
Según la propia Reserva Federal, el país registró un crecimiento medio del 3,2% durante los 75 trimestres de su mandato, con apenas cuatro periodos de contracción económica.
Greenspan también fue identificado como uno de los principales defensores de la lucha contra la inflación. La institución destaca que tenía fama de ser un firme antiinflacionista, priorizando el control de los precios en su estrategia monetaria.
Su legado, sin embargo, no estuvo exento de controversias. Con el paso de los años recibió críticas por no haber actuado con mayor contundencia ante la formación de la burbuja tecnológica de finales de los noventa y, posteriormente, ante los excesos financieros que desembocaron en la crisis de 2008.
Entre sus aportaciones más recordadas figura la expresión “exuberancia irracional”, utilizada en 1996 para alertar sobre el optimismo excesivo de los mercados. Una frase que terminó convirtiéndose en una de las referencias más célebres de la historia financiera reciente y que acompañó a Greenspan hasta el final de su vida.

Alan Greenspan