Pedro Escudero: de la burbuja tecnológica a la IA y el futuro de los mercados

Pedro Escudero, CEO de Doma Perpetual Capital ManagementPedro Escudero, CEO de Doma Perpetual Capital Management

Pedro Escudero, CEO de Doma Perpetual Capital Management, es un inversor y empresario gallego cuya trayectoria combina rigor académico, experiencia internacional y la disciplina adquirida en su pasado como tenista profesional. Desde sus primeros pasos en España hasta su consolidación en Wall Street, Escudero ha vivido de cerca algunos de los momentos más críticos de la economía global, desde la burbuja de las puntocom hasta la crisis financiera de 2008 y la turbulencia provocada por la pandemia.

En esta entrevista, Escudero comparte su visión sobre la economía mundial, la redefinición de la globalización, las oportunidades y riesgos de la inteligencia artificial, y el papel de España y Europa en un entorno económico cada vez más competitivo y tecnológico. También analiza la evolución de los mercados financieros y la industria de gestión de activos, ofreciendo claves para identificar inversiones sólidas en un contexto de incertidumbre.

Con un enfoque que combina análisis profundo, prudencia y una perspectiva de largo plazo, Escudero ofrece un recorrido único por los desafíos y oportunidades del mundo financiero actual, aportando lecciones que trascienden la economía para reflejar principios de estrategia, resiliencia y visión.

¿Cómo describiría usted el momento actual de la economía mundial? ¿Estamos ante una fase de ajuste o en el inicio de un nuevo ciclo económico?

Aunque sin excesivas alegrías, la economía mundial está funcionando relativamente bien, algo que está sorprendiendo a muchos economistas que pensaban que con la puesta en marcha de los aranceles en Estados Unidos podría haber una recesión global. Estados Unidos mantiene unas previsiones de crecimiento del 2,1% para 2026 y China de algo más del 4%. En el caso de la zona Euro, las previsiones son más moderadas, ligeramente por encima del 1%, aunque la economía española destaca con unas proyecciones del 2% para el próximo año, según el reciente cálculo del FMI. Los bancos centrales, especialmente la Reserva Federal, están buscando el ansiado aterrizaje suave. Veremos si lo logra, pero un petróleo barato como el actual podría ayudar bastante.

Creo que, en líneas generales, las bolsas mundiales presentan una sobrevaloración. No se sabe  cuándo se corregirá: si bajará el precio de las acciones o, por el contrario, permanecerá en estos niveles hasta que los beneficios empresariales aumenten y justifiquen las cotizaciones actuales. Lo que sí sabemos es que el precio de las acciones puede permanecer sobrevalorado mucho tiempo. Así ha sido en el pasado y no tiene porque no ocurrir ahora. Puede entonces que algún dato o algún acontecimiento que no guste en el mercado sirva de excusa para corregir esa sobrevaloración, pero también como he apuntado antes que los beneficios se incrementen con el paso de los trimestres y/o años y corrijan esa brecha.

La desglobalización y la fragmentación comercial están reconfigurando los flujos financieros. ¿Cree usted que estamos ante un cambio estructural del sistema económico internacional?

Efectivamente, estamos ante una reconfiguración que tiene elementos estructurales, aunque su alcance final está aún por determinar. El comercio internacional ya no crece al mismo ritmo que lo hacía en las décadas previas a la pandemia, y se observa una tendencia clara hacia la regionalización de las cadenas de suministro y la búsqueda de mayor seguridad estratégica en sectores clave como la energía, los semiconductores o los productos farmacéuticos.

Sin embargo, más que una desglobalización total, lo que estamos viendo es una globalización distinta, más selectiva y orientada a la resiliencia. Estados Unidos, por ejemplo, está impulsando políticas industriales que buscan reducir dependencias de China, mientras Europa intenta equilibrar su autonomía estratégica con la necesidad de mantener un comercio abierto.

Desde el punto de vista financiero, los flujos de inversión también se están ajustando: hay más cautela hacia los países con mayores tensiones geopolíticas, y un renovado interés por mercados considerados “seguros” o con mayor estabilidad regulatoria. Este proceso genera costes a corto plazo —menor eficiencia y mayores precios—, pero puede fortalecer la estabilidad del sistema a largo plazo. En definitiva, más que el fin de la globalización, estamos ante su redefinición.

Muchos analistas hablan de una “burbuja de la inteligencia artificial” similar a la de las puntocom. ¿Le parece a usted un paralelismo justo o una lectura superficial?

Las valoraciones son extremas. La IA generativa va a suponer toda una revolución, de eso no tengo ninguna duda. Las expectativas son muy altas al igual que ha sucedido en el pasado con otras herramientas con un gran impacto en la productividad, como lo fue en su día el ferrocarril o la invención de la bicicleta a finales del siglo XIX. Ahora hace falta que todas esas expectativas creadas entorno a la IA se materialicen en una mayor productividad para el conjunto de la economía y la sociedad y, por ello, que genere los beneficios esperados a los grupos que están desarrollando esta tecnología. De esta revolución de la IA no se puede extraer un ganador claro y esa incertidumbre hace que no me posicione en ninguna empresa.

¿Qué indicadores o señales observa usted que podrían anticipar una corrección en los valores tecnológicos más sobrevalorados?

Es imposible saber cuándo se van a producir esas correcciones. Si nos fijamos en el comportamiento histórico, hay una corrección del 10% cada dos años y un “bear market”, aproximadamente, cada 6 años con caídas del 25% o más.  No podemos saber cuándo empiezan y cuándo acaban, pero cuanto más suban las valoraciones más riesgo hay.

¿Cómo diferencia usted una compañía con fundamentos sólidos en inteligencia artificial de otra que simplemente capitaliza la narrativa del momento?

Mi estrategia de inversión se basa en la búsqueda de empresas cotizadas en los mercados bursátiles de todo el mundo que presenten un descuento sobre su valor teórico y que, además, tengan un negocio con perspectivas de crecimiento. Apuesto por empresas que presenten unas perspectivas de ingresos muy predecible a medio y largo plazo, con grandes barreras de entrada y que actúen en régimen de monopolio u oligopolio, y con posibilidades de crecimiento. También apuesto por aquellos valores que yo denomino especies únicas, que pese no a tener barreras de entrada presentan una singularidad o están tan bien gestionados que tienen una ventaja en cuanto a economías de escala y representan una  gran oportunidad para la inversión.

Europa parece atrapada en un estancamiento estructural, con baja productividad y alta dependencia energética. ¿Qué considera usted que debería cambiar para que el continente recupere competitividad?

Europa arrastra un problema estructural de baja productividad y falta de dinamismo empresarial que limita su competitividad frente a Estados Unidos.  Durante años ha invertido menos en I+D, digitalización e infraestructuras, y además mantiene un mercado único incompleto, con barreras regulatorias que frenan el crecimiento de las empresas y dificultan la canalización del ahorro hacia proyectos innovadores.

A ello se suma un mercado laboral poco flexible y un exceso de trabas burocráticas que penalizan la creación y expansión de compañías. Para revertir esta situación, el Viejo Continente necesita una agenda de reformas ambiciosa y coordinada que priorice la inversión productiva, la digitalización de la economía y la formación de capital humano. Es esencial profundizar la unión de los mercados de capitales, impulsar la creación de empresas escalables y facilitar la movilidad laboral. También resulta clave acelerar la transición energética y reducir la dependencia exterior, garantizando al mismo tiempo un suministro competitivo y estable para la industria europea.

Más que un problema coyuntural, Europa enfrenta un desafío estructural de adaptación a un entorno global más competitivo y tecnológico. Reforzar su política industrial, mejorar la adopción de tecnologías disruptivas y fomentar la cooperación entre países serán elementos determinantes para recuperar dinamismo económico y mantener su peso en el escenario internacional.

¿Piensa usted que el modelo económico europeo, más regulado y conservador, está en desventaja frente al dinamismo de Estados Unidos y Asia, o mantiene fortalezas que aún no se están aprovechando?

El modelo europeo, aunque menos dinámico en términos de crecimiento y asunción de riesgos, posee fortalezas que siguen siendo muy relevantes: una base industrial sólida, un alto nivel educativo, estabilidad institucional y un fuerte Estado del bienestar que ofrece cohesión social. Estas características, bien gestionadas, pueden convertirse en ventajas competitivas en un mundo que valora cada vez más la sostenibilidad y la seguridad.

Sin embargo, la excesiva regulación, la fragmentación del mercado y la lentitud en la toma de decisiones lastran su capacidad de reacción frente a economías más ágiles como la estadounidense o la asiática. Europa necesita simplificar marcos normativos, fomentar la innovación y asumir un mayor grado de riesgo para convertir su solidez en crecimiento. En definitiva, no se trata de abandonar el modelo europeo, sino de modernizarlo: combinar su estabilidad y su apuesta por la sostenibilidad con una mayor flexibilidad y una política industrial más proactiva que permita competir de igual a igual en la nueva economía global.

¿Qué papel cree usted que debería desempeñar España en ese nuevo equilibrio económico global?

España puede desempeñar un papel relevante como puente entre Europa e Hispanoamérica, y como plataforma energética y logística del sur de Europa. Su posición geográfica, su potencial en energías renovables y su creciente especialización en sectores como el turismo, la biotecnología y la economía digital le dan una base sólida. Para consolidar ese papel, necesita reforzar su inversión en innovación, mejorar la productividad y aprovechar los fondos europeos para transformar su modelo productivo hacia actividades de mayor valor añadido. Soy un fiel creyente de que España tiene los ingredientes necesarios para ser un actor principal a nivel mundial y el más importante de ellos es una población con un muy buen nivel educativo y con unas ganas y ambición de hacer las cosas bien.

¿Hacia dónde cree usted que se dirige la industria de la gestión de activos en la próxima década? ¿Piensa que la inteligencia artificial desplazará el criterio humano o lo potenciará?

La industria de gestión de activos se dirige hacia un modelo de generación de valor. Es decir, los gestores deben aportar valorar a los inversores o ahorradores, porque si no estos acabarán invirtiendo en fondos índices que se limitan a seguir al mercado a muy bajo precio. Un inversor o ahorrador que está comprando un fondo de inversión de gestión activa debe exigir a ese gestor un rendimiento por encima del índice de referencia de, como mínimo, tres o cuatro puntos y en períodos de largo plazo. Solo así ese gestor de fondos está justificando el coste o la tarifa que pone a su fondo.

España, a día de hoy, no cuenta con esos gestores. No es un país que podamos considerar de primera división en gestión de activos de renta variable. Hasta donde yo sé, no existe ningún gestor en España cuyo “track record” bata al índice S&P500 en la última década. Para poder enmascarar sus bajas rentabilidades, publican la cifra acumulada sobre un periodo de años y los comparan con índices con comportamientos tradicionalmente más bajos que los americanos como son los europeos. Si como gestor de activos no eres capaz de obtener rentabilidades superiores a los de un ETF indexado.

Pedro Escudero, CEO de Doma Perpetual Capital Management

Pedro Escudero, CEO de Doma Perpetual Capital Management

¿Por qué pagar a un gestor pudiendo pagar únicamente las bajas comisiones de un fondo indexado? La realidad en muchas gestoras españolas es que cobran altas comisiones a sus clientes sin generarles un alto valor. Aquí la publicidad y el marketing juegan un papel fundamental y la distorsionan para poder esconder su bajo” track record”.

Los inversores y ahorradores, por tanto, deben buscar a ese gestor que sobresale del resto de gestores y confiarle a él su dinero, porque no todos consiguen los mismos rendimientos, tal y como vemos. En un momento en que las valoraciones del mercado son elevadas y, por lo tanto, las bolsas tienen un camino alcista más limitado, el ahorrador debe buscar aquel gestor que detecta oportunidades, es decir, empresas infravaloradas con potencial alcista para a medio y largo plazo obtener resultados claramente mejores que los índices de referencia.

En relación a la inteligencia artificial, solo puedo decir que será una herramienta más al servicio de los gestores para ayudarnos a mejorar los resultados, pero nunca nos sustituirá.

¿Qué sectores o tendencias le parecen a usted los grandes infravalorados del mercado actual?

Desde mi punto de vista detecto dos sectores claramente infravalorados en el actual panorama bursátil. Las small y medium cap americanas y, en general de todo el mundo, presentan actualmente unas valoraciones atractivas. La inversión en este tipo de empresa tiene, a mi juicio, un potencial de revalorización a medio plazo importante, especialmente si somos capaces de detectar aquellas que presentan un mayor descuento combinado con un negocio prometedor.

Otro sector que presenta valoraciones atractivas es el farmacéutico. En general, las cotizadas de este sector presentan un descuento importante en relación con su valoración histórica. Después de unos años brillantes para las farmacéuticas y el biotech, ahora están pasando por un periodo con valoraciones ajustadas como consecuencia principalmente de la incertidumbre que arrastra un sector que está muy regulado por la administración.

Finalmente, ¿cuál es la convicción más contracorriente que mantiene hoy sobre los mercados, aquello que la mayoría no ve pero usted sí?

Yo veo claro que el sector tecnológico y sobre todo aquel más vinculado a la IA, tarde o temprano, deberá corregir las valoraciones que presenta, que yo creo que son extremadamente elevadas y claramente reflejan una burbuja de máxima peligrosidad.

Pedro Escudero contesta a estas preguntas de manera particular y no como ceo de Doma Perpetual

© Reproducción reservada