La posibilidad de que Christine Lagarde deje la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) antes de completar su mandato se ha convertido en uno de los temas más comentados en los círculos económicos europeos.
Según una encuesta de Bloomberg entre economistas, más de la mitad anticipa una renuncia este mismo año, mientras que menos del 30% cree que la francesa llegará hasta octubre de 2027.
En el escenario de una salida anticipada, Klaas Knot, actual gobernador del Banco Central de los Países Bajos, aparece como el favorito, señalado por un 57% de los consultados.
Knot se perfila como la opción más sólida para asumir la presidencia en un momento en el que la estabilidad del BCE y la coordinación europea son claves.
Por otro lado, si Lagarde mantiene su mandato hasta el final, Pablo Hernández de Cos, director del Banco de Pagos Internacionales y exgobernador del Banco de España, se situaría como el candidato con mayores posibilidades de sucederla.
La elección dependería entonces de criterios técnicos y de consenso político entre los principales líderes europeos.
Un nombramiento de Knot implicaría también cambios en el directorio del BCE, como la posible salida de Frank Elderson, su compatriota, y sumaría otras vacantes previstas en 2027, entre ellas las de Philip Lane, Isabel Schnabel y la propia Lagarde.
Estas rotaciones marcan un periodo de renovaciones clave para la entidad monetaria europea.
Tras la salida de Lagarde
La dimensión política del relevo añade complejidad. Algunos analistas ven en la hipotética dimisión de Lagarde un intento de involucrar al presidente francés Emmanuel Macron y al canciller alemán Friedrich Merz en la elección de su sucesor, protegiendo al BCE de cambios bruscos en el contexto electoral.
Sin embargo, un 52% de los economistas cree que una salida prematura podría erosionar la credibilidad de la institución.
Incluso se contempla un escenario intermedio: adelantar la elección del sucesor antes de las elecciones francesas, sin que Lagarde deje el cargo, como ocurrió en Austria.
Esta estrategia podría debilitar su posición durante los últimos años de mandato, aunque garantizaría un proceso de transición más fluido y coordinado.

Christine Lagarde