Desde la mitocondria como símbolo del impulso creador hasta la IA como aliada en la expansión estética, Vanessa Iacono propone un viaje hacia la energía interior que habita en cada ser humano. Su obra entrelaza neurociencia, tecnología y belleza para recordarnos que el arte no solo se observa: se siente, se respira y nos reconecta con nuestra propia esencia.
En sus obras, la mitocondria simboliza la energía que impulsa la pasión humana. ¿Cómo cree que la neurociencia puede explicar nuestra conexión emocional con el arte?
La mitocondria siempre me ha fascinado porque representa el origen invisible de toda energía vital. En mis obras, se convierte en metáfora del impulso creador que nos mueve. La neurociencia ha demostrado que el arte activa los mismos circuitos cerebrales relacionados con la emoción, el placer y la memoria. Por eso, una imagen puede conmovernos y hacernos sentir emociones, y eso es lo que busco con cada obra, más allá de una impresión estética que pueda dialogar con su observador.
Creo que el arte tiene el poder de recordarnos que somos energía en movimiento porque cuando una obra nos toca, no es solo una reacción estética, es una resonancia biológica en nuestra mente. Lo que intento es hacer visible ese flujo interior a través de la belleza artística.

¿Ha considerado cómo los estímulos en sus creaciones pueden activar áreas del cerebro relacionadas con la estética y la emoción?
Sí, esa relación me interesa profundamente y ya desde hace mucho tiempo, cuando estudiaba psicología. Trabajo con texturas y formas orgánicas que evocan patrones naturales dentro de mis personajes, casi como si fueran fragmentos de un paisaje microscópico; es la visión al interior celular. La repetición rítmica y el contraste cromático generan una sensación de armonía que activa respuestas neuronales vinculadas al placer visual; además, intento conectar esto con la mirada de mis personajes con ojos grandes, como que intentaran hablar.
Mi objetivo es provocar una experiencia sensorial que atraviese lo racional y despierte la memoria emocional del espectador. La belleza no es un concepto, es una experiencia de coherencia entre lo que vemos, lo que sentimos y lo que somos.
Su trabajo abarca desde la pintura tradicional hasta el diseño de mobiliario y moda. ¿Cómo define la “belleza” en cada disciplina?
La belleza, para mí, es una energía que nos parece estar en equilibrio. En la pintura quizás es un poco más fluido y orgánico, donde hay belleza hasta en el error, en los trazos y en el contraste de colores. En el mobiliario, en la relación entre forma y función, donde un objeto cotidiano puede transformarse en una presencia poética. Y en la moda, la belleza se manifiesta en el cuerpo como territorio expresivo y como identidad, lo que queremos mostrar o transmitir al mundo. En todas las disciplinas busco lo mismo: que la belleza no sea algo pasivo o decorativo, sino una fuerza viva que dialogue con quien la contempla o la usa.

Ha incorporado realidad virtual y aumentada en algunas obras. ¿Qué aporta la tecnología a la experiencia estética?
La tecnología me permite ampliar el campo de la experiencia sensorial. La realidad extendida (XR) es una extensión del lienzo: me da la posibilidad de pintar dentro del espacio, de envolver al espectador en un universo emocional tridimensional sin límites. Me interesa especialmente cómo la tecnología puede convertirse en una herramienta para reconectar al ser humano con su sensibilidad y su capacidad infinita de crear, como también lo hago con la IA.
Me he especializado en herramientas de IA especialmente valiosas en la exploración creativa de imágenes y video, no como reemplazo de lo que hago, pero sí como una extraordinaria herramienta de descubrimiento, exploración y expansión.
¿Cómo prevé que evolucione su arte?
Estoy en una etapa de expansión conceptual. Me atrae la idea de integrar el arte con la arquitectura, el diseño emocional de espacios y la creación de entornos inmersivos que respondan al estado anímico del espectador. También quiero seguir explorando la relación entre neurociencia y arte, y no descarto la posibilidad de experimentar con obras que cambien según la interacción del público o sus ondas cerebrales; ¡esto me resulta apasionante como idea! Pienso que el arte del futuro será híbrido, una fusión entre lo tangible y lo digital, entre lo poético y lo científico.
















