El poder de la experiencia

Warren Buffett, Ralph Lauren, Amancio Ortega, George Soros, Rupert Murdoch y Florentino Pérez

En un entorno empresarial dominado por la inmediatez, el riesgo y la obsesión por lo nuevo, la vigencia de líderes octogenarios —y nonagenarios—, como Warren Buffett, Ralph Lauren, Amancio Ortega, George Soros, Rupert Murdoch o Florentino Pérez, parece una anomalía.

Sin embargo, para quienes los observan con perspectiva, no se trata de suerte ni de nostalgia. Es la consecuencia de una clase de sabiduría que solo el tiempo es capaz de enseñar. “Estos empresarios crearon las marcas que hoy siguen liderando y conocen su sector de manera intrínseca”, explica Juan Crespo, profesor de EAE Business School.

“El gran reto de las organizaciones es saber reinventarse y la mejor manera de hacerlo es cambiando cuando se está bien”, añade Norbert Monfort, profesor del departamento de Dirección de Personas y Organización de Esade. “La mayoría de las empresas y personas lo hacemos cuando estamos con el agua al cuello, y entonces es imposible planificar ninguna transformación. En ese momento lo único que podemos hacer es nadar para salvarnos”.

Y es que la experiencia, más que un refugio, es una brújula. “Es un activo fundamental para saber reaccionar”, añade Monfort, que advierte que también puede tener una contrapartida. “La incertidumbre de este mundo hace que muchas de las decisiones que nos han traído hasta aquí con éxito sean hoy un hándicap.

La clave está en aprender de la experiencia: de los aciertos y también de los fallos. Aunque de los errores no se aprende, sí se aprende de cómo analizamos esos errores”. Crespo coincide en que la experiencia es el mejor antídoto contra la volatilidad, ya que “nos da la capacidad de reaccionar ante situaciones similares a otras que ya hemos enfrentado o, en su defecto, prepararnos. Es una cura ante la incertidumbre y permite tomar decisiones con mayor seguridad”.

Juan Crespo, profesor de EAE Business School
Juan Crespo, profesor de EAE Business School

CURIOSIDAD Y HUMILDAD

Los grandes veteranos del liderazgo, desde Buffett hasta Ortega o Soros, comparten una forma de mirar el futuro que combina instinto y serenidad. Según Crespo, “han visto crecer a sus equipos, elegido a sus sucesores y sabido proteger sus nichos frente a otros, al ser adaptables”. Esa adaptabilidad, sin embargo, no se limita a lo tecnológico.

“El liderazgo inspirador se construye desde el alma, no desde el Excel”, apunta Monfort. “Un liderazgo que busque la excelencia teniendo claro que la perfección no emociona; la humanidad, sí”. A su juicio, los líderes longevos que perduran son aquellos capaces de combinar dos cualidades esenciales: curiosidad y humildad. “La combinación de ambas es la fórmula mágica del éxito, que puede anestesiar, ya que cuando tienes tanto, es fácil endiosarte. La humildad, llevada a la vulnerabilidad como líderes, es la vacuna contra ese peligro”.

Crespo, por su parte, identifica tres rasgos que resumen este tipo de liderazgo: “Capacidad de reaccionar ante una crisis o lo inesperado, capacidad de leer mejor el valor de tus trabajadores y conocimiento de la industria”. Y añade una clave más: el ego controlado. “La humildad —saber que uno es temporal— y la curiosidad —implementar cambios o apoyar nuevas ideas— son esenciales. Aportan herramientas para reaccionar ante las crisis y modular tus servicios o productos”.

LA PERSPECTIVA DE LA MADUREZ

La madurez también es capaz de ofrecer perspectiva para gestionar los ciclos y de “mirar hacia el futuro sin miedo, con respeto, pero sin paralizarse”, resume Monfort. Esa actitud se refleja en figuras como Amancio Ortega, que revolucionó el modelo de la moda manteniendo su esencia. “Desde su Galicia natal, el fundador de Inditex implementó un sistema ágil de producción y distribución que escuchaba lo que el cliente quería en tiempo real. Cada tienda se convertía en una fuentede datos viva”, recuerda el profesor de Esade.

“Evitaba las cámaras y lideraba desde la trastienda, pero con una claridad de visión poco común: proximidad al cliente, rapidez extrema y control total de la cadena”. Monfort también destaca otro ejemplo de liderazgo maduro y evolutivo, como el de Isak Andic, fundador de Mango, y el de su relevo y consejero delegado Toni Ruiz, quien sigue ese lema the limit is the sky, del empresario ya fallecido. “La profesionalización de una empresa es un paso que se transita desde un adecuado relevo, cambiando lo necesario y manteniendo ese ADN que es la auténtica esencia exitosa”, subraya.

Norbert Monfort, profesor del departamento de Dirección de Personas y Organización de Esade
Norbert Monfort, profesor del departamento de Dirección de Personas y Organización de Esade

Transferencia de sabiduría

Pero el legado no se construye solo con visión: también con desapego. “Con la humildad de saber hacerse invisible, dando paso a las personas que has colocado al frente de la organización y haciéndote muy visible cuando se te necesita”, dice Monfort. Y añade: “Esa dualidad es muy difícil: es arte”. Crespo comparte esa visión. “El líder veterano debería saber cuándo frenar y cuándo introducir poco a poco a la nueva camada de líderes, apoyándolos en la toma de decisiones, dejando claro que él guía, pero la nueva generación decide”. En su opinión, el relevo debe planificarse con años de antelación: “Es importante que el fundador cultive a varias personas en mente, no solo para la dirección general, sino también para otras áreas. En ocasiones eso ayuda a descubrir talentos ocultos”.

Esa transferencia de sabiduría también interpela a las nuevas generaciones. “Además de la cultura del esfuerzo y la resiliencia, también se puede y se debe gestionar este momento actual con las ganas de disfrutar y hacer disfrutar a los que tenemos a nuestro alrededor”, reflexiona Monfort. Y pone a Carlos Alcaraz como ejemplo. “Me fascina cómo, con solo 22 años, tiene claro que no quiere seguir el ejemplo de Rafa Nadal. Él quiere disfrutar con el tenis, necesita desconectar y ser joven. Todos necesitamos a alguien que nos ayude a moldearnos en los momentos actuales”. El profesor añade que las empresas pueden aprender de esa visión más equilibrada.

“Las organizaciones deben pretender que la cuenta de resultados sea la salud de la empresa, y esta salud vendrá por la salud de sus trabajadores. El talento actual, ese que queremos atraer y mantener, se parece más a Carlos Alcaraz que a Rafa Nadal”, subraya.

Por esa razón, juventud y veteranía no han de verse como opuestos, sino como una alianza natural. Porque, como demuestran Ortega, Buffett, Murdoch o Soros, la madurez no es un freno a la innovación, sino una fuente de claridad, propósito y humanidad. Y es que la verdadera fortaleza de un líder no está en perseguir lo nuevo, sino en mantener vivas las ideas que continúan siendo valiosas.

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