La labor de Cáritas continúa consolidándose como uno de los pilares fundamentales de apoyo social en España. Cada año, la organización atiende a más de 2,1 millones de personas a través de una extensa red de recursos y proyectos que abarcan desde la atención directa a situaciones de emergencia hasta programas de acompañamiento a largo plazo. Esta actividad se desarrolla tanto en el territorio nacional como en iniciativas de cooperación internacional en terceros países, lo que refleja la dimensión global de su compromiso.
El alcance de esta intervención social se traduce en una inversión anual de 486,9 millones de euros. Detrás de estas cifras se encuentra una estructura humana sólida, formada por más de 69.000 personas voluntarias y alrededor de 5.900 trabajadores contratados. Este equilibrio entre voluntariado y profesionalización permite a Cáritas mantener una acción continuada y cercana a las personas, adaptándose a realidades sociales cada vez más complejas.
Más allá de la asistencia, uno de los aspectos más destacados de su labor en la última década ha sido su impulso decidido a la economía social. Cáritas ha apostado por modelos empresariales que no solo buscan la rentabilidad económica, sino que integran de forma equilibrada el cuidado del medio ambiente y el bienestar social. Esta visión ha favorecido la creación y consolidación de empresas de inserción que ofrecen oportunidades laborales a personas en situación de vulnerabilidad.
Actualmente, estas iniciativas suman 3.158 puestos de trabajo y 271 líneas de negocio, configurando un tejido productivo alternativo que pone el foco en la inclusión. Se trata de proyectos que no solo generan empleo, sino que también promueven procesos de acompañamiento personal y social, facilitando la integración progresiva en el mercado laboral ordinario.

Proyecto Moda RE de Cáritas
ECONOMÍA CIRCULAR Y SOLIDARIA
Dentro de este ecosistema, uno de los ejemplos más representativos es Moda RE, considerado el buque insignia de la economía circular y solidaria impulsada por la organización. Esta cooperativa de iniciativa social, en la que participan 48 Cáritas diocesanas de todo el país, ha logrado posicionarse como el mayor operador de recogida y reciclaje de ropa usada en España y uno de los principales del sur de Europa desde su creación en 2020.
El impacto de Moda RE va más allá del ámbito medioambiental. Su actividad genera más de 1.400 puestos de trabajo, de los cuales el 55% están reservados a personas en procesos de inserción sociolaboral. De este modo, el tratamiento del residuo textil se convierte también en una herramienta de inclusión, combinando sostenibilidad y justicia social en un mismo modelo.
En el terreno de la innovación, Cáritas continúa ampliando su red de proyectos con iniciativas como Maná, la más reciente incorporación a su ecosistema de economía solidaria. Este programa, financiado por el Fondo Social Europeo, tiene como objetivo replicar en diferentes territorios una experiencia de éxito ya contrastada.
El modelo en el que se inspira ha sido desarrollado por Formació i Treball, entidad vinculada a Cáritas que ha demostrado el potencial del aprovechamiento alimentario como vía para generar empleo inclusivo en el sector de la hostelería. A través de la recuperación de alimentos, el proyecto no solo reduce el desperdicio, sino que también crea oportunidades laborales para personas en situación de exclusión.

Proyecto Maná de Cáritas
Expansión del proyecto
Desde su sede central en Barcelona, principal núcleo operativo del programa, se recuperaron en 2025 más de 250.000 kilos de alimentos. Estos productos fueron transformados en soluciones destinadas a restauración, catering y servicios de comida a domicilio, integrando así el aprovechamiento alimentario en una cadena de valor completa. Además, esta actividad permitió generar 13 empleos dirigidos específicamente a personas en situación de vulnerabilidad.
La expansión del proyecto ya ha comenzado a tomar forma en otros territorios. Las Cáritas diocesanas de Bilbao y Albacete han iniciado sus propios programas, incorporando progresivamente el aprovechamiento alimentario en sus líneas de restauración. Este proceso de transferencia de conocimiento es clave para ampliar el impacto del modelo y adaptarlo a distintas realidades locales.
En conjunto, todas estas iniciativas reflejan una estrategia que va más allá de la respuesta inmediata a las necesidades sociales. Cáritas apuesta por soluciones estructurales que combinan empleo, sostenibilidad y acompañamiento, con el objetivo de generar oportunidades reales de inclusión. Su modelo demuestra que la economía social puede ser una herramienta eficaz no sólo para paliar la exclusión, sino para transformar las condiciones que la generan.
Arrimar el hombro
MANUEL BRETÓN ROMERO, PRESIDENTE DE CÁRITAS ESPAÑOLA, DETALLA LAS ASIGNATURAS PENDIENTES EN EL APOYO A LA POBLACIÓN MÁS VULNERABLE

Manuel Bretón Romero, presidente de Cáritas Española
Cáritas ha advertido que unos 9,4 millones de personas viven situaciones de exclusión social. ¿Qué medidas urgentes deben tomarse?
Lo primero que hay que entender es que la exclusión no es una sola cosa. No es solo no tener dinero o no tener trabajo. Es un conjunto de problemas que se van acumulando: vivienda, empleo, relaciones, salud, acceso a servicios. Por eso, las soluciones no pueden ir por un solo lado. La clave es querer ir de verdad al fondo del problema: por qué hay pobreza y por qué hay gente que se queda fuera. Y luego hay una parte que nos toca a todos, no solo a los políticos. Como sociedad tenemos que asumir que esto también es cosa nuestra. Recuperar esa idea de que dependemos unos de otros, de que cualquiera puede necesitar ayuda en algún momento y también puede ofrecerla.
El “sálvese quien pueda” nos ha llevado en parte hasta aquí. Igual hay que darle la vuelta y poner más en el centro a las personas, el cuidado, lo cotidiano y no solo los números de la economía.
¿Está fallando el sistema laboral como herramienta de inclusión social?
Yo diría que no es que el sistema laboral haya dejado de servir, pero sí que se ha quedado corto. Tener trabajo sigue siendo importante, claro que protege, pero ya no te garantiza salir adelante. Antes el empleo era como un escudo bastante claro frente a la exclusión, y ahora ya no blinda tanto. De hecho, hay una realidad que ha venido para quedarse, que es la de los trabajadores pobres. Personas que tienen empleo, que hacen todo “lo que se supone que hay que hacer”, pero aun así no llegan a fin de mes. Estamos hablando de más de uno de cada diez trabajadores, que no es poca cosa. Y junto a eso, la precariedad.
¿Qué papel debería tener la regularización de migrantes contra la exclusión social?
El primer gran elemento diferenciador que supondrá el proceso de regularización extraordinaria es que las personas beneficiarias podrán optar a un puesto de trabajo desde una situación de regularidad administrativa, con una autorización para trabajar.
Esto sacará a muchísimas personas de la economía informal, lo que tiene un impacto no solo en términos de cotizaciones y fiscalidad, sino también en que las condiciones laborales de estas personas estarán amparadas por un marco de derechos previsto en el Estatuto de los Trabajadores y demás normativa sectorial del que hasta ahora carecían. También tiene un impacto importante de cara a la disponibilidad de trabajadores para los empleadores que denuncian escasez de candidatos.
La autorización de residencia que otorgará la regularización reconoce a la persona extranjera como titular de derechos y obligaciones, y elimina numerosos obstáculos que hasta este momento tenían estas personas para poder aspirar a tener una vida normalizada en condiciones dignas.
Además del fundamental derecho al trabajo, les permitirá realizar tareas tan básicas y cotidianas como abrir una cuenta bancaria o firmar un contrato de arrendamiento de cara a tener condiciones habitacionales aceptables.
Si la vivienda sigue siendo el principal factor de desigualdad, ¿qué modelo debería implantarse para la próxima década?
Pues aquí la clave es bastante clara: tenemos que cambiar la forma en la que entendemos la vivienda. Ahora mismo, en muchos casos, se está tratando más como un bien de mercado o de inversión, y no como lo que debería ser: un lugar donde vivir, un hogar. De cara a la próxima década, el modelo debería ir hacia poner el derecho a la vivienda por delante de todo lo demás. Es decir, entender que es un derecho básico, no un lujo ni una oportunidad de negocio para unos pocos. ¿Y eso en qué se traduce? Pues en cosas muy concretas. Como ampliar el parque de vivienda pública en alquiler social, que en España es muy pequeño comparado con otros países.

Proyecto Moda RE de Cáritas