En pleno pulso de la revolución digital, España mantiene encendidos sus centros de datos con un consumo cercano a los 5 TWh al año, suficiente para alimentar el 2% del país, mientras que para 2050 esa cifra podría dispararse hasta 26 TWh, según proyecciones de DNV. Cada byte procesado deja su huella: electricidad, agua y carbono se entrelazan en una danza que amenaza con desbordar los límites ambientales. Sin embargo, la misma IA que devora energía también ofrece su promesa: optimizar procesos, reducir desperdicios y guiar a empresas hacia decisiones más sostenibles, transformándose en un héroe en la sombra de su propio exceso.
La paradoja energética está siendo analizada internacionalmente. Ginelle Greene-Dewasmes, jefa de Iniciativas, IA y Energía del Foro Económico Mundial, explica a Business People que “aunque la demanda eléctrica de la IA podría aumentar alrededor de un 50% anual hasta 2030, sigue representando solo una pequeña parte del consumo global de energía”. A su entender, lo importante es que “ya está generando ahorros de energía del 10% al 60% en distintas industrias”.
“La IA es claramente una oportunidad, pero solo cuando la gobernanza es sólida y el diseño de la IA y las estrategias empresariales son intencionales”, precisa Greene-Dewasmes.
Adam Elman, director de Sostenibilidad de Google EMEA, ahonda al recordar que “la Unión Europea ha establecido objetivos ambiciosos para ser carbono neutral en 2050, mientras al mismo tiempo impulsa la competitividad y productividad regional. La Agencia Internacional de la Energía estima que, para 2035, la adopción generalizada de aplicaciones de IA existentes podría reducir las emisiones entre tres y cinco veces más que las emisiones proyectadas de los centros de datos”.
A pesar de que se muestra “optimistas respecto al potencial a largo plazo de la IA”, también admite que “predecir el impacto ambiental futuro de la IA es complejo y está en evolución. Escalar la IA y usarla para acelerar la acción climática será tan crucial como abordar el impacto ambiental asociado a ella”.

Adam Elman, director de Sostenibilidad de Google EMEA
OPTIMISMO NACIONAL
En España, la balanza también se inclina a favor de la IA. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) defiende que “el desarrollo y uso de la IA debe entenderse no como un riesgo ambiental, sino como una gran oportunidad para la transición ecológica y la transformación sostenible de la economía”. Y recuerdan que “la actividad empresarial siempre conlleva riesgo, pero el liderazgo consiste precisamente en acotar este riesgo y maximizar las oportunidades”.
Para Marcos Martínez, jefe del Área de Digitalización e Innovación de CEOE, y Cristina Riestra, directora de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima de CEOE, la hoja de ruta del sector empresarial nacional pasa por la integración de la IA “como herramienta transversal de mejora de la productividad y la sostenibilidad, actuando en tres niveles complementarios: individual, operativo y estratégico”.
En cuanto a los sectores con mayor potencial, la CEOE es rotunda: “La IA tiene un enorme potencial para transformar la eficiencia energética y la gestión de recursos en prácticamente todos los sectores productivos”. No obstante, destacan el energético (“donde ya está teniendo un impacto tangible”); la industria; edificación y construcción; transporte y logística; y agricultura y gestión del agua.

Marcos Martínez, jefe del Área de Digitalización e Innovación de CEOE
Con el objetivo de llegar al siguiente nivel, Marcos Martínez y Cristina Riestra coinciden en que “el primer paso es contar con un marco normativo predecible y claro, que proporcione seguridad jurídica a las inversiones en digitalización y sostenibilidad”. A lo que precisan: “Las empresas necesitan reglas estables que incentiven la innovación y el uso responsable de la IA, evitando al mismo tiempo cargas administrativas excesivas que puedan frenar su adopción, especialmente en sectores con menos capacidad regulatoria o técnica”.
Sin olvidar que “resultan clave las ayudas públicas y los incentivos fiscales para la incorporación de tecnología, con especial atención a las PYMES, que a menudo carecen de recursos para acometer proyectos de digitalización y sostenibilidad”. Finalmente, ponen énfasis en la necesidad de invertir en formación y capacitación del capital humano, tanto en competencias digitales básicas como en la formación avanzada de especialistas TIC capaces de desarrollar, implementar y mantener sistemas de IA alineados con objetivos de sostenibilidad. “Sin talento, la transición digital y verde será incompleta”, admiten.

Cristina Riestra, directora de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima de CEOE
En la misma línea avanza Ignacio Lago, embajador de Sostenibilidad de Microsoft, quien defiende que la regulación y la colaboración público-privada son “fundamentales para garantizar que la IA se desarrolle y utilice de forma sostenible y responsable”. De ahí que apunte que “llevamos años trabajando para definir, desarrollar e implementar una estructura sólida de gobernanza de la inteligencia artificial en toda la compañía, lo que nos permite ayudar a nuestros clientes a innovar con IA y cumplir con los requisitos de la nueva normativa europea”.
Laia Grassi, directora creativa especializada en IA y publicidad, cree que Europa tiene una oportunidad única para “ser el adulto en la habitación llena de adolescentes de Silicon Valley”. Para lograrlo, defiende que necesitamos una “regulación inteligente” que funcione “como un termostato y no como una guillotina”.
“Mi propuesta sería un sistema de semáforos. Verde para IA médica, investigación climática, optimización energética y creatividad. Amarillo para aplicaciones comerciales. Rojo para IA de generación de contenido mediocre, fake news y deep fakes”, propone. A lo que añadiría “impuestos progresivos según el uso: ¿Usas IA para curar cáncer? Cero impuestos. ¿Para generar NFTs de monos? Paga”.

Ignacio Lago, embajador de Sostenibilidad de Microsoft
TECNOLOGÍA ALIADA
Los impactos de la IA y las nuevas tecnologías ya están demostrando su potencial dentro del mercado nacional. Ignacio Lago desvela que “con la infraestructura en la nube de Microsoft Azure, empresas como Moeve han logrado reducir un 55% sus emisiones de CO2 de alcance 3 en el ciclo de vida de sus productos, lo que significa un 77% per cápita”.
A lo que suma: “La energética aprovechó las capacidades de IA de Azure para simplificar y digitalizar sus operaciones de TI, lo que le permitió mejorar la eficiencia y avanzar hacia sus metas de sostenibilidad de forma más ágil y efectiva”.
Elman, de Google EMEA, también destaca que las organizaciones españolas utilizan cada vez más las capacidades de IA y datos de Google Cloud para impulsar la sostenibilidad en los sectores de agua, energía y logística. Entre los ejemplos más importantes, cita los esfuerzos en conservación marina (Global Omnium y Telefónica Tech han implementado un sistema impulsado por IA para proteger la costa mediterránea), la eficiencia en energías renovables (Capital Energy utiliza Vertex AI para procesar datos de sensores IoT en instalaciones eólicas y solares) y la logística sostenible (Paack usa análisis de datos y robótica con IA para optimizar la etapa final de las entregas de e-commerce). Aunque el impacto de la IA resulta impresionante, su verdadero potencial apenas comienza a desplegarse.

Laia Grassi, directora creativa especializada en IA y publicidad
Marcos Martínez y Cristina Riestra, de la CEOE, admiten que “es difícil anticipar con precisión cómo evolucionará la IA en los próximos cinco o diez años, especialmente si consideramos la velocidad a la que avanza la tecnología: Basta pensar que PayPal tardó 12 años en alcanzar los 100 millones de usuarios, mientras que ChatGPT lo logró en apenas dos meses”. Sin embargo, sí tienen claro que, en el ámbito de la sostenibilidad empresarial en España, la IA será “sin duda, una herramienta central en la transición hacia una economía basada en datos, donde medir, evaluar y actuar con precisión serán los pilares de la competitividad y la responsabilidad ambiental”.
Al contrario del debate popular, la IA no es ni heroína ni villana. Como recuerda Ignacio Lago, “los verdaderos héroes son los seres humanos que utilizan la IA para multiplicar sus capacidades, potenciar su creatividad y resolver problemas antes imposibles”. Y, como apunta Grassi, esta poderosa herramienta refleja nuestra propia ambivalencia: “La IA simplemente amplifica nuestra esquizofrenia ambiental. Si somos sabios, será nuestra salvación. Si somos tontos, será nuestra tumba más cara”.
IMPULSAR LA EFICIENCIA
Conversación con Ginelle Greene-Dewasmes, jefa de Iniciativas, IA y Energía del Foro Económico Mundial

Ginelle Greene-Dewasmes, jefa de Iniciativas, IA y Energía del Foro Económico Mundial
¿Se ha documentado que el entrenamiento de grandes modelos de IA consume enormes cantidades de energía. ¿Qué medidas se están discutiendo en el Foro para mitigarlo?
Solo la acción coordinada de múltiples partes interesadas y el tiempo podrán demostrar si los beneficios de eficiencia de la IA en energía, industria y logística superan su propia huella. Pero ciertamente tiene el potencial de hacerlo mediante acciones coordinadas. Investigaciones actuales (por ejemplo, MIT, MOEVE, Banipal et al., Bhardwack et al.) indican que la trayectoria actual del desarrollo de la IA está enfocada principalmente en el crecimiento, priorizando la escala, velocidad y capacidad. Este enfoque ya no es suficiente. El desarrollo de estándares y marcos globales para la contabilidad energética y de carbono de la IA es una de las medidas clave que discutimos para mitigar el impacto. Lo hacemos a través de nuestro trabajo con la AI Governance Alliance y con nuestros socios, como Domyn, que utilizan IA para avanzar en su transición verde mediante eficiencia de diseño innovadora. La clave es la transparencia, haciendo que la IA consciente del carbono sea un principio de diseño predeterminado, no un añadido posterior.
¿Qué sectores ve con mayor potencial para que la IA impulse una transición?
Creo que todos los sectores tienen potencial para impulsar la transición verde. Observando el trabajo de mis colegas en el programa MINDS (Soluciones Significativas, Inteligentes, Novedosas y Desplegables), empresas reconocidas como Schneider Electric están utilizando IA para optimizar microrredes, gestionar energía y reducir emisiones. Con este enfoque, han logrado reducir un 40% los costos energéticos y ahorrar 109 toneladas de CO₂ al año, un descenso del 28%. Se trata realmente de la búsqueda de la innovación mientras se persigue la integración de energías renovables.
¿Qué tendencias observa en el desarrollo de IA “verde”?
Estamos siendo testigos de un cambio decisivo hacia un enfoque de “más inteligente es más limpio” en IA. El enfoque se dirige a modelos más pequeños, especializados y eficientes que ofrecen alto rendimiento con menor consumo energético. Por ejemplo, Virgin Media utilizó IA para optimizar la refrigeración en sus centros de datos, reduciendo el consumo eléctrico un 15% y ahorrando 1 millón de libras al año. Además, observamos una evolución clara en cómo el sector energético aborda la IA. Las compañías energéticas comienzan a verse también como actores tecnológicos, explorando IA para optimizar generación, almacenamiento y redes.
Si tuviera que elegir una prioridad en materia de IA y sostenibilidad, ¿cuál sería?
Las prioridades globales deberían ser transparencia, responsabilidad y gobernanza. Necesitamos estandarizar cómo se mide, informa y gobierna la huella energética y de carbono de la inteligencia artificial.

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