La IA se perfila como una herramienta clave de la nueva sostenibilidad. Más del 60% de las empresas ya la emplean para controlar el consumo de energía y las emisiones, pero su uso sigue siendo limitado: solo el 37% aplica modelos predictivos que anticipen necesidades energéticas futuras. Al integrar estas capacidades, las empresas pueden no solo optimizar recursos, sino también prepararse para desafíos climáticos mediante la planificación de escenarios y la mitigación de riesgos.
A pesar de su potencial, la tecnología también plantea preguntas sobre su propio impacto ambiental. Solo el 35% de las organizaciones considera las implicaciones energéticas de las soluciones basadas en IA. Este es un aspecto que no debe pasarse por alto: si bien la tecnología es una herramienta poderosa, su adopción debe ser responsable y sostenible.
La sostenibilidad es un imperativo empresarial, pero para que deje de ser un ideal y se convierta en una realidad, las empresas deben aprovechar todo el poder de la tecnología. España tiene la oportunidad de liderar este cambio, adoptando herramientas que no solo midan el impacto, sino que también lo transformen. La pregunta es: ¿Se pondrán las pilas?