El Índice de Precios de Consumo (IPC) mantuvo en agosto su tasa interanual en el 2,7%, de acuerdo con los datos avanzados este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El comportamiento mixto de los principales componentes del índice explica esta estabilidad: mientras que los alimentos y la electricidad moderaron sus precios, el encarecimiento de los carburantes presionó al alza.
Sin embargo, la inflación subyacente —que excluye los precios más volátiles como energía y alimentos frescos y que suele considerarse un termómetro más fiable de las tensiones de precios a medio plazo— registró un ligero repunte de una décima, situándose en el 2,4%. Este movimiento refleja que, más allá de los factores energéticos, aún persiste cierta inercia inflacionista en bienes y servicios básicos.
Un equilibrio delicado
El mantenimiento del IPC en agosto supone una pausa en la tendencia de moderación observada en meses previos, lo que refleja el delicado equilibrio entre factores que presionan a la baja, como la normalización de los precios de la electricidad, y otros que impulsan el coste de la vida, como la reciente volatilidad del petróleo.
Además, el repunte de la inflación subyacente es seguido con atención por el Banco Central Europeo (BCE), ya que podría condicionar el ritmo de futuras bajadas de los tipos de interés. La institución presidida por Christine Lagarde ha insistido en que los precios deben converger de forma sostenible hacia el objetivo del 2%, y que el análisis de la inflación subyacente es clave para ello.
Perspectivas de cara al otoño
De cara a los próximos meses, los analistas prevén que la inflación podría oscilar en torno al 2,5%-3%, condicionada por la evolución del precio de la energía y la recuperación de la demanda interna. Los efectos de base —comparación con los niveles excepcionalmente altos de 2022 y 2023— también irán perdiendo fuerza.
Por el lado positivo, los salarios pactados en convenio están recuperando parte del terreno perdido frente a la inflación, lo que contribuye a sostener el consumo. Sin embargo, este dinamismo puede, a su vez, mantener cierta presión sobre los precios, especialmente en sectores como la restauración, los servicios personales o el ocio.
Contexto internacional
España mantiene un diferencial favorable respecto a la zona euro, donde la inflación se sitúa ligeramente por encima del 3%. Esta ventaja competitiva ha permitido contener la pérdida de poder adquisitivo de los hogares y mejorar la posición del país en términos de costes frente a sus socios comunitarios.
No obstante, la incertidumbre geopolítica —particularmente en relación con los mercados energéticos— y los efectos de la política monetaria seguirán marcando el pulso de la inflación en lo que resta de 2025.
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