El gigante automovilístico General Motors (GM) ha anunciado que su filial Cruise abandonará el negocio de los robotaxis, en un giro estratégico que busca ahorrar 1.000 millones de dólares anuales. Este cambio supone priorizar el desarrollo de sistemas avanzados de asistencia al conductor con la meta de evolucionar hacia vehículos personales totalmente autónomos, dejando atrás un mercado de robotaxis cada vez más competitivo y costoso.
Adiós a los robotaxis, hola a la integración
Según un comunicado de la empresa, General Motors dejará de financiar los desarrollos de robotaxis de Cruise debido a los “considerables recursos y tiempo necesarios” para escalar este negocio. En su lugar, centrará sus esfuerzos en el perfeccionamiento de Super Cruise, su sistema de conducción autónoma, que ya opera en más de 20 modelos y recorre más de 16 millones de kilómetros al mes.
La compañía combinará los equipos técnicos de GM y Cruise en un único grupo, buscando una integración más eficiente que permita seguir avanzando en tecnologías autónomas y asistidas.
General Motors deja un mercado más competitivo
Con esta retirada, General Motors deja a Waymo, de Alphabet (Google), como líder del mercado de robotaxis. Además, Tesla ha anunciado que su robotaxi podría estar listo en 2026, con Elon Musk impulsando una regulación federal más flexible para estos vehículos.
Pese a este panorama, GM reitera su compromiso con la conducción autónoma y sus beneficios, como mayor seguridad, fluidez en el tráfico y reducción del estrés del conductor. “Estamos enfocados en ofrecer experiencias excepcionales a nuestros clientes, manteniendo una gestión disciplinada y eficiente”, declaró Mary Barra, presidenta y CEO de GM.
El traspié de Cruise en San Francisco
El cambio de rumbo llega después de un episodio crítico para Cruise en 2023, cuando un accidente en San Francisco llevó a los reguladores de California a revocar su licencia de operación, calificando sus coches sin conductor como un riesgo para la seguridad pública. Tras este incidente, Cruise paralizó sus operaciones en todo el país, despidió al 25% de su plantilla, y su fundador, Kyle Vogt, presentó su dimisión.
El accidente también resultó en un acuerdo millonario con la víctima, a la que la empresa indemnizó con entre 8 y 12 millones de dólares. Aunque Cruise había reanudado pruebas con conductores de seguridad en Texas, finalmente ha optado por abandonar sus planes de convertirse en una empresa de movilidad.
Un futuro replanteado
La decisión de General Motors marca un giro en su visión estratégica. Aunque Mary Barra había planeado duplicar los ingresos de la empresa para 2030 con una contribución de 50.000 millones de dólares de Cruise, el fin del negocio de robotaxis hace que ese objetivo parezca más lejano.
Ahora, General Motors vuelve a sus raíces, centrándose en lo que mejor sabe hacer: fabricar y vender coches, mientras avanza hacia un futuro de transporte más inteligente y seguro, pero con un enfoque más realista.
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