Teoría temporal del color

Salmón, turquesa, azul, pistacho… Desde que la paleta cromática de las esferas decidió juguetear con tonalidades vibrantes y audaces, más allá del blanco y el negro, la Alta Relojería ha demostrado que la alegría visual es un atributo esencial en el estilo de vida. Y en la propia vida

Seamaster Aqua Terra 150M, de OmegaSeamaster Aqua Terra 150M, de Omega

El ‘homo sapiens’ (lo segundo habría que revisarlo) está anclado a las tradiciones. En determinados momentos se resquebrajan, llegan las revoluciones, y de nuevo se suele regresar al pasado. Hay costumbres que cuesta alterar… Sin necesidad de viajar a Aristóteles, Leonardo Da Vinci o Newton, se establece que fue el poeta y científico alemán Johann Wolfgang von Goethe quien con su ‘Teoría del Color’ (1810) conectó los colores al maremagno subjetivo, emociones, sensaciones, a cómo los percibimos. A partir de aquí esta, para muchos pseudociencia, fue desarrollada y ampliada por un sinfín de investigadores. Podemos creer o no que esa luz que llega a nuestros ojos después de atravesar ‘cosas’ nos afecta a otros niveles más allá de lo puramente físico. Alegría, tristeza, transgresión, ansiedad, distinción, calma, agobio, etcétera.

Pero seamos escépticos o no, aceptemos que el negro exhala elegancia, seriedad; el gris tranquilidad, calma; y el blanco pureza, perfección. Los tres han sido los tonos que han prevalecido en las esferas de la Alta Relojería desde sus comienzos (al gris llamémosle plateado), en parte por los esmaltados primigenios y su contraste con las manecillas, lo que facilitaba la legibilidad.

Calatrava 6196P, de Patek Philippe

Oyster Perpetual, de Rolex

El Art Déco, en los años 30, trastocó la monotonía cromática con sus divertimentos, una convulsión pasajera, pero abrió una rendija hacia los tonos marrones (venían de antes, pero se reforzaron) y algún azul marino. A finales de los 60, Rolex decide que había llegado la hora: lanza modelos Day-Date con sus ya legendarias esferas Stella en colores pastel, verdes, rojos, berenjena, azul claro, amarillos y, a partir de ese momento, el coto de caza pictórico sufre un terremoto.

Los 80, pues, eso, los 80, muy loco todo, y hasta hoy, en que las firmas de más alto copete incluyen pigmentos deliciosos, festivos, diferentes, innovadores, arriesgados en ocasiones y, además, son tan serios, calmos, elegantes y puros como cualquier otro.

Verano de 2025. Rolex lo vuelve a hacer. La gama Oyster Perpetual se amplía con esferas lacadas en tonos pastel, suaves, ligeros, en cajas que oscilan de los 28 y 36 a los 41 mm de diámetro. Nos centramos en este último tamaño y en su color ‘pistachio’, de ese verde plácido, amable, que envuelve los índices en oro blanco de 18 quilates. También luce en un beige (crema) acogedor, tierno.

Calatrava 6196P, de Patek Philippe

Luminor Marina, de Panerai

El nuevo Seamaster Aqua Terra 150M de Omega no es ni verde ni azul, es turquesa lacado, con un delicado efecto degradado negro que evoca la profundidad del océano. Si dejan a la imaginación un poco de libertad les traslada a esas paradisiacas playas de aguas turquesas. Los pistachos inducen a un relajante aperitivo al susurro de la brisa marina.

Panerai añade una zambullida abisal al tono de la esfera y su recién estrenado Luminor Marina, con caja de 44 mm, se planta en un azul insondable, oscuro, realzado con los índices plateados. Si le quiere añadir un toque más veraniego, dispone de las correas de caucho de divertidos colores que la marca suele lanzar en esta estación: verde, azul claro, y naranja.

Calatrava 6196P, de Patek Philippe

Calatrava 6196P, de Patek Philippe

Patek Philippe ha desplegado un puñado de novedades en el último Watches & Wonders, entre las que abundan esferas verdes, azules, plateadas, marrones, pero hemos elegido un bello Calatrava en opalina dorada de oro rosa que recuerda al salmón tirando a crema. Un ejercicio de placentera tranquilidad que acoge los índices aplicados facetados en tono antracita de oro blanco.

© Reproducción reservada