Carolina Miguel: «La belleza tiene la capacidad de emocionar e inspirar a quienes lo contemplan»

Carolina Miguel ArroyoCarolina Miguel Arroyo
La directora del Museo Nacional del Romanticismo, Carolina Miguel Arroyo, recuerda que la sociedad decimonónica daba mucha importancia a la belleza y la estética, siendo una pasión que afectaba a todas las esferas de la vida. Una característica de esa época que, a su entender, es capaz de romper las barreras del tiempo para “seguir siendo una importante fuente de inspiración” para los artistas modernos.
¿Qué significa para usted “trabajar con la belleza”?Me siento una privilegiada, no sólo por poder vivirla a diario en el museo y que sea la base de mi trabajo —ya que afecta a las colecciones, al edificio y, a partir de ahí, a todas las actividades públicas que programamos—, sino porque también me brinda la oportunidad de compartir esa experiencia y hacer partícipes de esa belleza a quienes nos visitan.

¿Cómo cambia la percepción de la belleza cuando se trabaja con ella todos los días?

El mayor peligro al que nos podemos enfrentar quienes trabajamos en los museos es el de acostumbrarnos, darla por hecho, y no fijarnos o reparar en que sigue ahí. Pero más allá de eso, y a nivel personal, me he percatado de que desde hace un tiempo busco de una forma casi instintiva los cánones de belleza del siglo XIX en el resto del arte, y me sorprende cuando, lógicamente, las obras de otra época no responden a esa concepción estética. En ese sentido, ahora veo el arte de otros periodos desde una óptica diferente.

¿Cree que la belleza tiene una función terapéutica o transformadora para los visitantes del museo?

Creo firmemente en el poder transformador del arte. Es precisamente la capacidad que tiene de interpelarnos la que provoca que el arte nos emocione. Los artistas traducen sentimientos en los diferentes lenguajes artísticos, actúan como mediadores entre el mundo subjetivo y su obra. Cuando visitamos un museo, todas esas emociones están ahí, nos están esperando para que las hagamos nuestras, las reinterpretemos. En el caso del Museo del Romanticismo, todos los objetos, e incluso los sonidos (como el tic tac de los relojes), envuelven la visita, que de alguna manera se convierte en un pequeño viaje a un momento suspendido en el tiempo.

¿Qué lecciones puede enseñarnos el Romanticismo sobre la importancia de la belleza en la vida moderna?

La sociedad decimonónica daba mucha importancia a la belleza y la estética, y estas se imbricaban con todas las esferas de la vida, no sólo en lo relativo al arte, sino en las cuestiones más cotidianas como la forma de vestirse o de peinarse. Prueba de ello es la rapidísima evolución de la moda en este siglo, que comienza con el estilo imperio y, apenas cuarenta años después, destaca por el uso de corsés y crinolinas. Y por supuesto, la belleza estaba presente en la casa, que era un reflejo de ese gusto, especialmente la zona más pública o de representación, corazón social de la vivienda, como puede apreciarse en el Salón de Baile y los antesalones del Museo del Romanticismo.

¿Considera que los conceptos de belleza del Romanticismo pueden influir en el arte contemporáneo y el futuro del arte?

La visión decimonónica de lo bello era muy amplia y albergaba sensibilidades muy distintas, desde la concepción de lo sublime y lo elevado que apreciamos en algunos paisajes de las salas del museo, hasta lo realista, lo más tangible y, en ocasiones, hasta grotesco. En ese sentido, es posible rastrear muchas obras que se han imbuido de la estética de la época. También hay artistas que han tomado el testigo de esa conceptualización intelectual de la belleza romántica. No me cabe duda de que en el futuro seguirá siendo una importante fuente de inspiración.

Tras cumplir 100 años, ¿cómo imagina el museo en el futuro?

Desde 1924, año en que abrió sus puertas el entonces Museo Romántico, la institución ha crecido y evolucionado, pasando de 12 salas visitables a las 26 actuales, o de los 86 cuadros fundacionales hasta los más de 18.000 fondos que el museo conserva en la actualidad. En estos 100 años, gracias a la investigación, se ha podido enriquecer también la visión del arte de la época. Afortunadamente, para las personas apasionadas del Romanticismo como yo, aún quedan muchos estudios por acometer y artistas a quienes recuperar, por lo que el museo seguirá, sin ninguna duda, creciendo y contribuyendo a conservar la belleza de esa época.

La belleza tiene la capacidad de emocionar e inspirar a quienes lo contemplan. El arte es uno de los muchos puentes que le permite conectar el mundo interior de los artistas con el de los visitantes, ofreciendo una experiencia que trasciende el tiempo y el espacio
© Reproducción reservada